viernes, 5 de septiembre de 2008

Las cajas del tiempo: el hombre y su memoria

Desde su origen, el hombre se ha empeñado en ser memoria. Tiempos van, tiempos vienen, y él precisa dejar huella de lo que es y lo que ha sido, de su momento y sus aspiraciones, de su espacio y su deseo de trascender.

Así fueron creadas las ‘cajas del tiempo’, que en México, desde la época colonial, reúnen objetos de una época para conmemorar el inicio o término de la construcción de grandes edificaciones. Recientemente fue encontrada una de ellas en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, que consiste en un arca de plomo con monedas, medallas, grabados, cruces, un relicario, un dibujo y un pergamino, fechado el 14 de mayo de 1791.

Meses más tarde, hace apenas unas semanas, Felipe Calderón y otras personalidades colocaron su propia caja del tiempo en la misma torre de Catedral. El contenido, el cual fue introducido en una caja de acero inoxidable, incluyó una bandera mexicana, una Constitución, textos de Octavio Paz, la película ‘Los olvidados’ de Luis Buñuel, una foto satelital del país y el genoma decodificado del maíz, entre otras cosas.

Me parece una iniciativa interesante, quizá subjetiva por la selección del material, pero muy emocionante cuando uno piensa en quién abrirá esa caja, en qué fecha, qué pensará de los que vivimos en esta época…

También reflexioné en lo individual: ¿cómo sería la caja del tiempo de cada uno de nosotros, cómo nos gusta que nos piensen, qué nos caracteriza, qué es ‘lo nuestro’? Muy probablemente esas cajas siempre han existido, pero las tenemos de manera intangible en la mente, en el corazón, al recordar a los seres queridos que están con nosotros de manera distinta. Nos acordamos de sus anécdotas, sus gustos, sus frases, y en medio de todo eso están su tiempo y su espacio.

Pero si hiciéramos nuestra propia cápsula, ¿qué pondríamos en ella?

La mía seguramente incluiría muchas mariposas en distintos colores y materiales, envolturas de chocolate (para no introducir elementos orgánicos, pero sí dejar testimonio de mi gusto por ese manjar), los libros de César, mis tarjetas de felicitación de cumpleaños, discos de Mecano, los ochenta y Miguel Bosé, las fotos especiales, boletos de avión, museos y cinito, mi recetario electrónico, mi tapete para hacer ejercicio, un cartel de Snoopy y los Peanuts y, por supuesto, un USB con todos y cada uno de mis blogs Tutti Frutti (para que quien los lea conozca mi pensar y mi contexto).

¿Y dónde se colocaría el acervo? Definitivamente en una gran caja rosa, cerca de un lugar donde dé el sol!!

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