viernes, 19 de septiembre de 2008

Balance deportivo: la mediocridad olímpica vs el mérito paralímpico

Dos de oro, una de bronce, lugar 36 del medallero, un total de 85 atletas. Ese fue el resultado obtenido por la delegación mexicana que participó en los pasados Juegos Olímpicos de Beijing. ¿Satisfactorio? De acuerdo a las declaraciones de Felipe “El Tibio” Muñoz, nadador y medallista olímpico transformado en burócrata del deporte, ‘se cumplió con los objetivos’. Entonces, ¿cuáles serían esos objetivos: llevar decenas de deportistas para que sólo 3 sean de excelencia, conformarse con ser mediocres?

Muchos dirán, ‘no hay que criticar tan severamente el desempeño de los mexicanos, o a ver, hazlo tú’, pero francamente pienso que quien va a esas competencias es porque tiene en la mente metas muy concretas: ganar o al menos quedar entre los 5 mejores del mundo.

No sé bien cuáles sean los criterios para seleccionar a las personas que competirán en Juegos Olímpicos, pero definitivamente yo sólo llevaría a aquellos que den los mejores tiempos de cada categoría. Porque no sólo es ‘dar la marca’, que al parecer es un estándar bastante pobre, sino prepararse para ser los mejores.

Tampoco se trata de cubrir todas las disciplinas, sino sólo participar en aquellas donde se pueda hacer un papel digno. Por ejemplo, si sólo estamos picudillos en tae kwon do, clavados y caminata, sólo mandar 3 o 5 personas, pero con la seguridad de que su desempeño será de primerísima. En cambio, van los de remo, salto de altura, judo, lanzamiento de disco, basket, volley, lucha y hasta natación– imagínense: para qué demonios mandamos nadadores cuando hay alguien como Phelps como contrincante… –.

No culpo del todo a los deportistas, porque apostar a dedicarse profesionalmente a eso en México es muy arriesgado, con apoyos mínimos, un presupuesto ínfimo, la manipulación de los medios y la grilla de los pseudo funcionarios para quienes la máxima ‘lo importante no es ganar, sino competir’ se ha transformado en ‘lo importante no es competir, sino pasear’, y eso no puede ser válido a esos niveles.

Diez de oro, tres de plata, siete de bronce, lugar 14 del medallero, un total de 115 atletas. Ese fue el resultado obtenido por la delegación mexicana que participó en los pasados Juegos Paralímpicos de Beijing. Esto es definitivamente la otra cara de una misma moneda. Qué trascendente me parece que esos deportistas tengan ese nivel, que realicen proezas deportivas a pesar de tener capacidades diferentes.

Prácticamente nadie transmite sus competencias y ninguno de ellos aparece en campañas publicitarias de las grandes empresas deportivas, pero eso no es impedimento cuando se quiere hacer bien las cosas, cuando se tiene un reto en la mira, cuando la discapacidad física se convierte en una oportunidad para probarse a sí mismo que todo es posible.

Además, con eso se demuestra que los mexicanos no tenemos ninguna ‘maldición deportiva’, conjuro bizarro o mala suerte generalizada como quieren hacernos creer la Selección de Futbol o los otros atletas que compiten a nivel olímpico: de que se puede, se puede, siempre y cuando se tenga voluntad.

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