Los tiempos cambian. Con ellos hay cosas que se van, otras que se quedan. Sin embargo, hay dos hábitos que deben cultivarse desde la infancia y deben permanecer siempre: el establecimiento de horarios y tomar el desayuno.
Muchas familias entran en una dinámica poco sana donde la falta de horarios establecidos lleva a que la gente se duerma muy tarde, en la mañana salga corriendo y no desayune. Dicen que prefieren dormir un poco más, pero eso les desquicia el día entero. Se bañan de volada, se visten como pueden y salen como chiflido, olvidando el desayuno, que varios estudios señalan como el alimento más importante del día.
Si en el camino se acuerdan que hay que desayunar, ‘malcomen’ lo que caiga. Por ejemplo, frecuentemente vemos que del Oxxo cercano a la casa sale un señor con sus dos hijos – edad kinder – con hot dogs y refresco ¡a las 8.15 de la mañana! porque seguramente no desayunaron en casa. Y la misma escena se repite en un puesto de tamales rumbo al metro C.U., donde los pequeñines se recetan su tamal con atole antes de ir a la escuela.
¿Y la lavada de dientes? Bien gracias, porque no sólo se queda el mal hábito de salir sin desayunar, sino también el de no lavarse los dientes después de cada comida, trayendo consigo problemas de caries o el debilitamiento de las piezas dentales ocasionado por bacterias.
Actualmente se promueven ‘desayunos de camino’ más nutritivos, como los jugos de naranja naturales en el ‘alto’ del semáforo, la venta de frutas en tiendas como Seven Eleven o la ingesta de yogurts bebibles con alto contenido de calcio. Sin embargo, no sólo influye la parte alimenticia, sino que en el desayuno la familia se reúne a la mesa y platica un rato, se ríen, oyen noticias, comparten puntos de vista e inician el día todos juntos.
En cuanto a los horarios, es terrible ver que a la gente lo mismo le da llegar a las 9.15 que a las 9.35 cuando la cita era a las 8.30 (lo veo toooodos los días en el trabajo). Así, todas las mañanas nos cruzamos en el camino con algunos niños – siempre los mismos – que van a la escuela corriendo, 10 minutos después de que cierran la puerta – se supone que entran a las 8 y corren a las 8.10, 8.15. Además ¡viven a 5 minutos caminando de la primaria! –. Y ‘tiro por viaje’, ya en la noche, nos volvemos a topar con esos mismos niños a las 22 hrs., cuando se supondría que están descansando para ir a la escuela temprano al día siguiente (¿qué hace un niño de entre 6 y 12 años a esa hora en la calle?...).
Esos pequeños son los que de grandes no llegan a la hora indicada, su trabajo está desfasado y simplemente no se les confían responsabilidades mayores porque no tienen hechura, como dijera Lita. Ah, y, naturalmente, llegan a desayunar diario a la oficina.
Aunque el día a día sea a veces complicado, no lo revolvamos más: organicémonos y procuremos inculcar estos hábitos de infancia que rinden buenos frutos en todos los ámbitos de la edad adulta.
Muchas familias entran en una dinámica poco sana donde la falta de horarios establecidos lleva a que la gente se duerma muy tarde, en la mañana salga corriendo y no desayune. Dicen que prefieren dormir un poco más, pero eso les desquicia el día entero. Se bañan de volada, se visten como pueden y salen como chiflido, olvidando el desayuno, que varios estudios señalan como el alimento más importante del día.
Si en el camino se acuerdan que hay que desayunar, ‘malcomen’ lo que caiga. Por ejemplo, frecuentemente vemos que del Oxxo cercano a la casa sale un señor con sus dos hijos – edad kinder – con hot dogs y refresco ¡a las 8.15 de la mañana! porque seguramente no desayunaron en casa. Y la misma escena se repite en un puesto de tamales rumbo al metro C.U., donde los pequeñines se recetan su tamal con atole antes de ir a la escuela.
¿Y la lavada de dientes? Bien gracias, porque no sólo se queda el mal hábito de salir sin desayunar, sino también el de no lavarse los dientes después de cada comida, trayendo consigo problemas de caries o el debilitamiento de las piezas dentales ocasionado por bacterias.
Actualmente se promueven ‘desayunos de camino’ más nutritivos, como los jugos de naranja naturales en el ‘alto’ del semáforo, la venta de frutas en tiendas como Seven Eleven o la ingesta de yogurts bebibles con alto contenido de calcio. Sin embargo, no sólo influye la parte alimenticia, sino que en el desayuno la familia se reúne a la mesa y platica un rato, se ríen, oyen noticias, comparten puntos de vista e inician el día todos juntos.
En cuanto a los horarios, es terrible ver que a la gente lo mismo le da llegar a las 9.15 que a las 9.35 cuando la cita era a las 8.30 (lo veo toooodos los días en el trabajo). Así, todas las mañanas nos cruzamos en el camino con algunos niños – siempre los mismos – que van a la escuela corriendo, 10 minutos después de que cierran la puerta – se supone que entran a las 8 y corren a las 8.10, 8.15. Además ¡viven a 5 minutos caminando de la primaria! –. Y ‘tiro por viaje’, ya en la noche, nos volvemos a topar con esos mismos niños a las 22 hrs., cuando se supondría que están descansando para ir a la escuela temprano al día siguiente (¿qué hace un niño de entre 6 y 12 años a esa hora en la calle?...).
Esos pequeños son los que de grandes no llegan a la hora indicada, su trabajo está desfasado y simplemente no se les confían responsabilidades mayores porque no tienen hechura, como dijera Lita. Ah, y, naturalmente, llegan a desayunar diario a la oficina.
Aunque el día a día sea a veces complicado, no lo revolvamos más: organicémonos y procuremos inculcar estos hábitos de infancia que rinden buenos frutos en todos los ámbitos de la edad adulta.
1 comentario:
Totalmente de acuerdo tus comentarios mi querida Lety. No existe disciplina ni respeto.
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