El Apocalipsis, de acuerdo a su interpretación profética, alude al momento en que la Tierra y la humanidad serán azotadas por catástrofes y desolación antes del establecimiento definitivo de la fe. Habrá muerte, destrucción, obscuridad. Y con lo que está pasando desde hace unos meses por todos lados, pienso que tal vez estemos teniendo un acercamiento apocalíptico.
Entre los fenómenos naturales tenemos los casos inmediatos de Myanmar y China. El primero azotado por el ciclón Nargis y el segundo con un terremoto de más de 7 grados y una réplica de 6. En Myanmar, la junta miliar dictatorial que los gobierna no permite entrar la ayuda humanitaria, que va desde alimentos y agua hasta atención médica para los sobrevivientes. En China, la tragedia se ha extendido porque las montañas siguen desgajándose y hasta los rescatistas han quedado sepultados. Miles de muertos. Soledad. Desesperanza.
Otro asunto verdaderamente grave es la escasez de granos. Hasta hace poco se decía que vivíamos en un mundo profundamente desigual porque habiendo alimentos para cubrir al 100% las necesidades mundiales, se registraba hambre en ciertas regiones. Sin embargo, el problema de hoy es que no hay suficiente alimento para todos, principalmente granos; recordemos que éstos forman parte del origen y la identidad de cada pueblo: el maíz para los mesoamericanos, el arroz para los asiáticos y el trigo para Europa y Medio Oriente, aunque en todos lados comemos de todo y por eso nos pega más (recordemos el world wide sushi bluff, lo que va a costar un rollito con algas… jiji).
Por otra parte, en lo económico, vemos al dólar desplomándose frente al euro, la presión inflacionaria como en olla express – reflejo también del problema de los alimentos –y la recesión estadounidense pendiendo sobre la economía mundial. Un período económico recesivo genera una disminución en la producción y en las inversiones, por lo que las empresas no requieren tantos recursos humanos, vienen los despidos, el desempleo y con él un menor consumo, cayendo en un círculo vicioso realmente perverso. Y como sabemos, en nuestro mundo global, lo que pase a uno tiene efecto sobre los otros.
Finalmente, los precios del petróleo siguen su vertiginoso ascenso, teniendo afectaciones en prácticamente todo, porque todo transporte requiere combustible: las mercancías para llegar a su lugar de distribución y las personas para trasladarse al trabajo o por recreación. O sea, se incrementan los precios, aumenta la inflación y sigue el ciclo arriba descrito (y lo peor es que el gobierno mexicano le sigue apostando al petróleo…).
Y si a todo lo anterior sumamos la población que padece sida, el problema del calentamiento global, las violaciones a los derechos humanos, la plaga de las actividades ilícitas, la extinción de especies y el abismo al que nos llevan los partidos políticos de nuestro México, pareciera que verdaderamente nos encontramos en la antesala del inframundo.
Sé que sueno un poco catastrofista, pero la realidad es esa y debemos enfrentarla. ¿Cómo, qué podemos hacer? Para prevenir quizá no mucho, porque las causas sobrepasan nuestro alcance. Sin embargo, no debemos caer en pánico. Tenemos que ser racionales implementando planes de austeridad y supervivencia extrema, maximizando los recursos que habitualmente destinamos a cada rubro y dando gracias a Dios por tener un trabajo, un techo y abundante comida en la alacena y el refrigerador.
El mundo siempre ha visto un sinfín de problemas y ha salido adelante. Esta no será la excepción.
Entre los fenómenos naturales tenemos los casos inmediatos de Myanmar y China. El primero azotado por el ciclón Nargis y el segundo con un terremoto de más de 7 grados y una réplica de 6. En Myanmar, la junta miliar dictatorial que los gobierna no permite entrar la ayuda humanitaria, que va desde alimentos y agua hasta atención médica para los sobrevivientes. En China, la tragedia se ha extendido porque las montañas siguen desgajándose y hasta los rescatistas han quedado sepultados. Miles de muertos. Soledad. Desesperanza.
Otro asunto verdaderamente grave es la escasez de granos. Hasta hace poco se decía que vivíamos en un mundo profundamente desigual porque habiendo alimentos para cubrir al 100% las necesidades mundiales, se registraba hambre en ciertas regiones. Sin embargo, el problema de hoy es que no hay suficiente alimento para todos, principalmente granos; recordemos que éstos forman parte del origen y la identidad de cada pueblo: el maíz para los mesoamericanos, el arroz para los asiáticos y el trigo para Europa y Medio Oriente, aunque en todos lados comemos de todo y por eso nos pega más (recordemos el world wide sushi bluff, lo que va a costar un rollito con algas… jiji).
Por otra parte, en lo económico, vemos al dólar desplomándose frente al euro, la presión inflacionaria como en olla express – reflejo también del problema de los alimentos –y la recesión estadounidense pendiendo sobre la economía mundial. Un período económico recesivo genera una disminución en la producción y en las inversiones, por lo que las empresas no requieren tantos recursos humanos, vienen los despidos, el desempleo y con él un menor consumo, cayendo en un círculo vicioso realmente perverso. Y como sabemos, en nuestro mundo global, lo que pase a uno tiene efecto sobre los otros.
Finalmente, los precios del petróleo siguen su vertiginoso ascenso, teniendo afectaciones en prácticamente todo, porque todo transporte requiere combustible: las mercancías para llegar a su lugar de distribución y las personas para trasladarse al trabajo o por recreación. O sea, se incrementan los precios, aumenta la inflación y sigue el ciclo arriba descrito (y lo peor es que el gobierno mexicano le sigue apostando al petróleo…).
Y si a todo lo anterior sumamos la población que padece sida, el problema del calentamiento global, las violaciones a los derechos humanos, la plaga de las actividades ilícitas, la extinción de especies y el abismo al que nos llevan los partidos políticos de nuestro México, pareciera que verdaderamente nos encontramos en la antesala del inframundo.
Sé que sueno un poco catastrofista, pero la realidad es esa y debemos enfrentarla. ¿Cómo, qué podemos hacer? Para prevenir quizá no mucho, porque las causas sobrepasan nuestro alcance. Sin embargo, no debemos caer en pánico. Tenemos que ser racionales implementando planes de austeridad y supervivencia extrema, maximizando los recursos que habitualmente destinamos a cada rubro y dando gracias a Dios por tener un trabajo, un techo y abundante comida en la alacena y el refrigerador.
El mundo siempre ha visto un sinfín de problemas y ha salido adelante. Esta no será la excepción.
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