viernes, 11 de abril de 2008

Las razones del Tíbet

La llama olímpica inició su recorrido por el mundo. Para recibirla en cada ciudad, decenas de activistas a favor de un Tíbet libre han aprovechado la ocasión para manifestar su desaprobación a que la máxima justa deportiva se desarrolle en China. ¿Por qué? Porque China se ha dedicado a erosionar al Tíbet, su religión, sus creencias, su gente, su entorno natural y cultural desde la invasión de Mao Tse Tung ocurrida el 21 de octubre de 1950.

Pero el trasfondo es más complejo, veamos el contexto:

Tíbet es una región profundamente espiritual, con el Himalaya cuidando su espalda y el budismo instalado en sus entrañas. A principios de nuestra era, contaba con comunidades poco desarrolladas, no conocían la escritura ni tenían una religión de grandes dimensiones. Fue entonces cuando se introdujo el budismo hacia el siglo VIII D.C.

El budismo tibetano se caracteriza por la entrega de los creyentes a un lama o gran maestro vivo que serviría de guía por el camino a la salvación, y es a partir del siglo XVII que se instauró la figura del Dalai Lama como gobernante terrenal y líder espiritual del Tíbet. El Dalai Lama es venerado por ser la reencarnación de Avalokiteshvara, bodhisattva de la compasión. Es decir, un ser iluminado que reencarna para aliviar el dolor de los seres humanos que no se han salvado. En el Dalai Lama fluyen signos de divinidad y de humanidad al estar en el plano terrestre.

Se dice que cada tibetano tiene una profunda conexión con el Dalai Lama porque él simboliza el Tíbet entero: la belleza de la tierra, la pureza de sus ríos y lagos, la santidad de sus cielos, la solidez de sus montañas y la fuerza de su pueblo.

Así fueron las cosas durante los siguientes siglos, hasta que en 1950, unos 80,000 soldados comunistas cruzaron la frontera tibetana so pretexto de “liberarlos pacíficamente” de su religión y llevarles “progreso material”. Pero en realidad, lo que pretendían los chinos comunistas era la “unificación”, considerando al Tíbet parte irrenunciable de su territorio; mera geopolítica rojilla.

Y no sólo eso: discrecionalmente, la unificación se extendería al plano de las ideas y las costumbres, por lo que han pretendido eliminar de raíz la cultura tibetana en una especie de ‘limpieza cultural’.

Al no haber pedido ayuda para “liberarse”, los tibetanos procedieron a la resistencia. Los chinos comunistas, que de “pacíficos” no tenían ni tienen un pelo, hicieron de la tortura, la ejecución de rebeldes y la persecución religiosa una constante. Para evitarlo, el Dalai Lama 14° – Tenzin Gyatso – decidió exiliarse en Dharamsala, India, en 1959.

Sin embargo, de poco sirvió su partida. Las vejaciones eran lo cotidiano. Diariamente había crucifixiones, vivisecciones, desmembramientos, quema de genitales y muerte por decapitación o fuego. Algunos eran destripados, otros eran amarrados de pies y manos para luego ser arrojados al agua helada de algún río o lago. Y para evitar que gritaran “¡Viva el Dalai Lama!” antes de su muerte, en señal de fidelidad a sus creencias, la lengua les era arrancada con un gancho de carnicería.

Paralelamente, el Dalai Lama envió delegaciones a la India, EU, Inglaterra y Nepal para solicitar su intervención ante el abuso chino, pero sólo recibió negativas y portazos ante la falta de intereses políticos que los hicieran reaccionar.

Transcurridos algunos años, la pregunta es ¿cuál es la situación actual del pueblo tibetano y de su líder máximo? El primero resiste, envuelto aun en sangre y opresión, porque los monjes que ahí quedan siguen sufriendo cierto grado de acoso. Asimismo, la gente común no goza de libertad alguna – ni de tránsito, ni de expresión, ni de nada – y viven en condiciones precarias - ¿dónde quedó el “progreso prometido”? –.

En cuanto al segundo, su voz ha tenido eco en todo el mundo – aunque no entre los encargados de tomar decisiones –, impartiendo conferencias en la ONU y otros foros, donde ha pedido un alto a la política de poblamiento chino que amenaza la existencia del pueblo tibetano, respeto a los derechos humanos y las libertades democráticas, restauración y protección del ecosistema del Tíbet, negociación del futuro estatus del Tíbet y su relación con China, y el establecimiento del Tíbet como zona de paz.

¿Y qué hay de los chinos? Ellos fingen demencia y consiguen la sede para celebrar los XXIX Juegos Olímpicos, como si tuvieran cara para hacerlo. El espíritu olímpico es sinónimo de amistad, paz, hermandad, y los chinos son exactamente el reverso de esa moneda. ¿Y por qué nadie hizo notar eso al momento de las nominaciones olímpicas? Porque hay fuertes intereses económicos de por medio: ningún gobierno se quiere enemistar con China.

Yo llevo un tiempo dando seguimiento a la causa tibetana porque admiro al Dalai Lama y reconozco la resistencia de su gente. Es por eso que me alegra que salga a la luz el sufrimiento de todo un pueblo, que el mundo voltee a esa región del mundo y levante la voz para que se respete el derecho a ser lo que ellos quieran: una región independiente con ciclos, cielos y costumbres propios.

Y me alegra también la reacción de todas esas personas que salen al paso de la antorcha olímpica para repudiar la doble moral china, de otros países y organizaciones como el Comité Olímpico Internacional, y para rechazar el exterminio sistemático, mejor conocido como genocidio, que cometen los chinos desde hace décadas en el Tíbet.

Por último, una gran lección para los chinos: les está saliendo ‘el tiro por la culata’, jajaja.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy interesante y en especial este blog, ya que no sabia exactamente que pasa alla en el tibet,pero ahora y en forma muy concisa explicas excelentemente la situacion de los tibetanos y como son engañados por los chinos (cochinos)

Unknown dijo...

Hay que recordar que no es contra el pueblo chino sino de su política fascista. Libertad al Tibet y a cualquier pueblo o ser oprimido.