viernes, 4 de abril de 2008

El museo nómada o el secuestro del espacio público

Desde su instalación, el museo nómada ha sido un tema muy comentado. Se ubica en pleno Zócalo y alberga la exposición Ashes and Snow, del fotógrafo Gregory Colbert. Se habla de los récords de asistencia, de filas kilométricas para entrar y ya se le cataloga como todo un suceso.

Sin embargo, yo soy cautelosa, incluso escéptica, y tengo mis reservas al respecto. Se habló de acercar a la gente al arte y sensibilizar sobre el contacto humano con la naturaleza como objetivos principales de la iniciativa, pero yo pienso que lo único que lograron fue secuestrar el espacio público.

Independientemente de la calidad del material expuesto – con fotos que seguro tienen ‘truco’ –, declaro abiertamente mi protesta en contra de ese tipo de estructuras, porque el derecho de ver las fotos monumentales de unos termina donde empieza el de otros a disfrutar del patrimonio cultural tangible de la plaza principal de la Ciudad de México.

Y el secuestro viene desde que comenzaron a instalar el llamado ‘museo’ – cuestionando si en realidad se trata de un museo o sólo de un proyecto artístico alternativo –: casi 6 meses de labores que convirtieron en toda una odisea caminar por la plancha central, pues no había lugar para peatones y había que torear autos, maquinaria y a los otros transeúntes. Pienso en noviembre, cuando Lauriux, mi prima de Ensenada, vino al D.F. y quiso conocer el Zócalo: nos topamos con una espantosa estructura de tubos y tablones que obstruía en su totalidad la visión integral del lugar.

Ahora, ya en marcha la exposición, hemos sido víctimas de la misma tendencia: hace ocho días que fuimos a casa de los abuelitos de César, la otrora grandiosa entrada al centro por la avenida 20 de Noviembre se diluye en los techos de lámina vistos al fondo de la escena, cual mercado improvisado, como vivienda mal hecha de zona marginal (a pesar de que digan que el interior está muy instalado en la onda ‘étnica’, que los espejos de agua están padrísimos y que los bambúes evocan un ambiente ‘tribal’ único).

Y pensar que seguro lo quitan en otros 6 meses… (y teniendo la experiencia que están buenos para poner pero no para quitar, probablemente lo desmantelan en 8 meses o un año…).

También cabe señalar que la contabilidad masiva del público no necesariamente es señal de éxito: lo cuantitativo no habla de la calidad del producto, y con mayor razón en el ámbito cultural. Recordemos que para la gente ‘gratis hasta las patadas’, y aunado a la publicidad que le han hecho a la exposición, muchos creen que lo importante es decir que fueron sin importar lo que realmente les dejó la experiencia (para muestra basta un botón: cada vez que hay exposiciones con motivo egipcio hay miles de personas queriendo ver la muestra por no sentir que quedaron fuera de un fenómeno tan publicitado).

Que el museo nómada haya estado previamente en Nueva York, Berlín y Tokio no garantiza el contenido, sino sólo su carácter global – y global no necesariamente es igual a bueno – .

No hay comentarios: