Mañana se cumplirá el primer centenario del natalicio de Don Francisco Gabilondo Soler, creador del famoso Cri Cri, el grillito cantor, ese pequeño ser que se entona al caer el sol, invitándonos a soñar las más curiosas historias con su característica interpretación.
Así como el dicho popular reza que ‘no hay sábado sin sol’, se puede afirmar que no hay infancia sin Cri Cri. ¿Quién no conoce a Los Tres Cochinitos, La Patita o El Negrito Bailarín?, ¿cuántos no lloraron con La Muñeca Fea, se iniciaron en la lectura con La Marcha de las Letras o descubrieron el tango gracias a Che Araña?
Y hay que saber que Gabilondo Soler fue músico autodidacta. Su genio creativo fue tal que, inicialmente, no hicieron falta solfeo, armonías, ni acordes para dejarse llevar por lo que el paisaje de Orizaba – su tierra natal – y los relatos de su abuelita dejaron en su mente y en su vida, evocando imágenes tan mágicas como la de un chorrito que tenía calor, o un rey que en lugar de pelo tenía miel en la cabeza, o un trenecito que arrojaba humo de algodón.
En la actualidad, la fama de sus creaciones es tal que intérpretes como Plácido Domingo las han hecho suyas y orquestas como la Filarmónica Nacional y la de la UNAM tocan sus notas. Pero la cúspide más grande es la que le han dado las generaciones de ayer y hoy al formar parte de un mismo imaginario infantil fresco, espontáneo, mágico, lleno de chispa y caramelo.
A partir de este fin de semana habrá celebraciones en plazas públicas, se tocarán sus canciones y se recordará a sus memorables personajes mediante presentaciones teatrales. Pero aun cuando no se organizara evento alguno, hay que rendirle el más grande de los homenajes manteniéndolo vivo escuchando su música.
Cri Cri sigue vigente al tiempo que algunas de sus canciones nos hablan de otra época: ya no hay ropavejeros, ni carretelas, ni roperos, ni enaguas. Pero sigue habiendo niños ávidos de escuchar los cuentos más originales. Y es que su vigencia radica en algo tan universal como la imaginación, las historias de animales, los mundos fantásticos y los seres inanimados que cobran vida gracias a la inspiración de quien los crea.
Por todas y cada una de sus aportaciones musicales, bien se puede considerar a Francisco Gabilondo Soler un gran músico que deja huella en quienes nos hemos deleitado con su obra.
Así como el dicho popular reza que ‘no hay sábado sin sol’, se puede afirmar que no hay infancia sin Cri Cri. ¿Quién no conoce a Los Tres Cochinitos, La Patita o El Negrito Bailarín?, ¿cuántos no lloraron con La Muñeca Fea, se iniciaron en la lectura con La Marcha de las Letras o descubrieron el tango gracias a Che Araña?
Y hay que saber que Gabilondo Soler fue músico autodidacta. Su genio creativo fue tal que, inicialmente, no hicieron falta solfeo, armonías, ni acordes para dejarse llevar por lo que el paisaje de Orizaba – su tierra natal – y los relatos de su abuelita dejaron en su mente y en su vida, evocando imágenes tan mágicas como la de un chorrito que tenía calor, o un rey que en lugar de pelo tenía miel en la cabeza, o un trenecito que arrojaba humo de algodón.
En la actualidad, la fama de sus creaciones es tal que intérpretes como Plácido Domingo las han hecho suyas y orquestas como la Filarmónica Nacional y la de la UNAM tocan sus notas. Pero la cúspide más grande es la que le han dado las generaciones de ayer y hoy al formar parte de un mismo imaginario infantil fresco, espontáneo, mágico, lleno de chispa y caramelo.
A partir de este fin de semana habrá celebraciones en plazas públicas, se tocarán sus canciones y se recordará a sus memorables personajes mediante presentaciones teatrales. Pero aun cuando no se organizara evento alguno, hay que rendirle el más grande de los homenajes manteniéndolo vivo escuchando su música.
Cri Cri sigue vigente al tiempo que algunas de sus canciones nos hablan de otra época: ya no hay ropavejeros, ni carretelas, ni roperos, ni enaguas. Pero sigue habiendo niños ávidos de escuchar los cuentos más originales. Y es que su vigencia radica en algo tan universal como la imaginación, las historias de animales, los mundos fantásticos y los seres inanimados que cobran vida gracias a la inspiración de quien los crea.
Por todas y cada una de sus aportaciones musicales, bien se puede considerar a Francisco Gabilondo Soler un gran músico que deja huella en quienes nos hemos deleitado con su obra.
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