viernes, 19 de octubre de 2007

El lado cuestionable de los Premios Nobel

Alexander Fleming, Henri Bergson, Ivan Pavlov, Alexandr Solzhenitsyn, Ernest Rutherford, Rabindranath Tagore, Pierre y Marie Curie, Ernest Hemingway, Albert Einstein, José Saramago, Niels Bohr, George Bernard Shaw y Amartya Sen. Todos ellos comparten algo: el hecho de haber sido acreedores a un Premio Nobel.

Y si nos vamos a la categoría de las vidas consagradas a la paz, tendremos figuras como Martin Luther King Jr., el Dalai Lama, la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela y organizaciones como el Comité Internacional de la Cruz Roja, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, UNICEF y Amnistía Internacional. Todos ellos han tenido firmes convicciones y han sido íntegros, congruentes con el discurso y la acción.

Desconozco los criterios, las nominaciones y a buena parte de los laureados del ámbito científico. No obstante, en lo relacionado con el pacifismo y las buenas causas, es bien sabido que de un tiempo a la fecha el Nobel de la Paz se ha politizado y la mano estadounidense es cada vez más evidente.

- En 2000, Kim Dae-jung, surcoreano, recibió el premio en reconocimiento a sus esfuerzos por la reconciliación con Corea del Norte. Hay que recordar que ese país es una amenaza real para EU por la posesión de armas nucleares y por tener un desequilibrado al frente del gobierno.

- En 2001, la ONU y Kofi Annan fueron los elegidos. Justo en mayo de ese año, Bush y sus tropas invadieron unilateralmente Irak, sin aval de dicha organización, dejando en claro que la estructura de ésta es caduca y su autoridad nula. El hecho de que le dieran el Nobel no fue más que una especie de premio de consolación, ‘por no dejar’, ‘de perdida’.

- En 2003, Shirin Evadi, una mujer de nacionalidad iraní, fue galardonada por su lucha por los derechos humanos, principalmente de mujeres y niños, en la región. El reconocimiento es opacado por el hecho de que por encima de Corea del Norte, Irán es probablemente el enemigo real más grande que tiene EU por su poderoso armamento y un líder aun más desquiciado que el norcoreano en el poder.

Este año, el Premio Nobel de la Paz se otorgó conjuntamente al Panel Intergubernamental para el Cambio Global y para el ex vicepresidente de EU, Albert Arnold ‘Al’ Gore. El primero tiene por trasfondo una preocupación real por las causas y efectos del cambio global en el presente y cómo prevenir los daños para que las futuras generaciones tengan las mejores condiciones para vivir.

Sin embargo, Al Gore aparece como un ecologista light, pues a pesar de que lleva más de dos décadas en la causa ambiental, lo cierto es que han salido a la luz detalles de su vida cotidiana donde se demuestra su falta de congruencia.

Veamos: no puede recomendar la sustitución de focos tradicionales por lámparas compactas fluorescentes, menor uso de la secadora de ropa y la utilización de menos agua caliente, cuando en su casa, ubicada en el estado de Tennessee, tiene faroles de gas en el jardín, una alberca con calefacción permanente y una puerta eléctrica de uso constante, lo cual genera un pago anual de energía por 30 mil dólares, que dividido en mensualidades equivale a la anualidad por el mismo concepto de una familia estadounidense promedio.

No dudo que su documental The inconvenient truth esté bien realizado y aporte información relevante en torno al calentamiento global. Pero de ahí a consagrarse como ecologista… eso hace que la validez del premio sea bastante cuestionable. Parafraseando el título del mismo documental, esa es la ‘verdad incómoda’ de todo esto.

Si la Fundación Nobel no encuentra a la persona u organización apropiada, con el peso suficiente, la trayectoria, los méritos y el esfuerzo necesario en la lucha por una causa universal para recibir el premio, lo mejor sería declararlo desierto, tal como sucedió durante la Primera Guerra Mundial, algunas veces en la década de los 20, la Segunda Guerra Mundial y en los años 70. Si eso envía una señal negativa, lo cierto es que no importaría tanto como el desprestigio que han adquirido recientemente los premios al otorgarlos por mera coyuntura como ya se hizo notar.

El tiempo dirá quién tiene la razón: si es que Gore es una persona comprometida con el planeta y quiere seguir sembrando conciencias en materia ambiental, o si sólo quería reflector en una actividad alternativa a la política que le permitiera brillar en contraposición a la opacidad que vive George W. Bush, el hombre que lo derrotó cuestionablemente en las urnas en el año 2000.

1 comentario:

cecy dijo...

Simple y llanamente: los premios y tanta parafernalia es solamente para distraer la atención de la verdad y tantos actos corruptos que se manejan a nivel mundial.