Desde hace varios meses suena la alarma debido a que la gente tiene deudas considerables por el uso de sus tarjetas de crédito. Los bancos culpan a los usuarios, pero la responsabilidad es compartida.
En el primer caso, las personas quieren vivir como no pueden. Es cierto que las promociones con meses sin intereses o empezar a pagar dos o tres meses después de realizada una compra permiten adquirir bienes o servicios que difícilmente muchos podrían liquidar al contado. El problema es que la gente no mide sus limitaciones y gasta más de lo que sus ingresos le permiten.
Hay deudores que argumentan ‘el banco ya tiene suficiente dinero y yo no’, o ‘que se espere este porque primero le pago a otro banco’, o ‘con pagar el mínimo ya no hay de qué preocuparse’.
En el segundo, los bancos y su rapacidad han relajado sus criterios y ellos mismos se atan la soga al cuello. Hace tiempo, la obtención de una tarjeta de crédito exigía requisitos como comprobar ingresos, cosa que actualmente no sucede, y encima de que no saben si la persona trabaja, si tiene liquidez o solvencia económica, le abren líneas de crédito millonarias.
¿Qué pasa si esa persona actúa irracionalmente y gasta sin mesura? Nada, sólo le llegarán estados de cuenta vencidos y avisos de que los boletinarán en el buró de crédito. ¿Y eso les importa? Por supuesto que no, porque no ven en ello una sanción real como podría ser un embargo patrimonial.
Incluso otros bancos, a pesar del aviso al buró, siguen ofreciendo a la misma persona nuevas tarjetas. O peor aun: envían tarjetas a quien ni siquiera las solicitó y el error de muchas de esas personas que las reciben es ‘resignanse a utilizarlas’.
Y los bancos no sólo han flexibilizado sus normas en sentido negativo, sino que hasta su trato e imagen corporativa han venido a menos. Décadas atrás, el personal bancario vestía pulcro, tenía el más cordial de los tratos y las cosas funcionaban. Ahora, en la era de la ‘calidad total’, somos presa de jovencitos de playera y cabello mal engominado, que no prestan atención a lo que el usuario les dice y que carecen del más mínimo indicio de educación.
Las instituciones bancarias deben someterse al escrutinio público y tomar las quejas y sugerencias de los usuarios para mejorar, porque encima de que cobran unas comisiones que dan miedo y que no solucionan los problemas que ellos mismos generan, la población está sujeta a que tienen, por su propia naturaleza, el monopolio de ese tipo de servicios.
En el primer caso, las personas quieren vivir como no pueden. Es cierto que las promociones con meses sin intereses o empezar a pagar dos o tres meses después de realizada una compra permiten adquirir bienes o servicios que difícilmente muchos podrían liquidar al contado. El problema es que la gente no mide sus limitaciones y gasta más de lo que sus ingresos le permiten.
Hay deudores que argumentan ‘el banco ya tiene suficiente dinero y yo no’, o ‘que se espere este porque primero le pago a otro banco’, o ‘con pagar el mínimo ya no hay de qué preocuparse’.
En el segundo, los bancos y su rapacidad han relajado sus criterios y ellos mismos se atan la soga al cuello. Hace tiempo, la obtención de una tarjeta de crédito exigía requisitos como comprobar ingresos, cosa que actualmente no sucede, y encima de que no saben si la persona trabaja, si tiene liquidez o solvencia económica, le abren líneas de crédito millonarias.
¿Qué pasa si esa persona actúa irracionalmente y gasta sin mesura? Nada, sólo le llegarán estados de cuenta vencidos y avisos de que los boletinarán en el buró de crédito. ¿Y eso les importa? Por supuesto que no, porque no ven en ello una sanción real como podría ser un embargo patrimonial.
Incluso otros bancos, a pesar del aviso al buró, siguen ofreciendo a la misma persona nuevas tarjetas. O peor aun: envían tarjetas a quien ni siquiera las solicitó y el error de muchas de esas personas que las reciben es ‘resignanse a utilizarlas’.
Y los bancos no sólo han flexibilizado sus normas en sentido negativo, sino que hasta su trato e imagen corporativa han venido a menos. Décadas atrás, el personal bancario vestía pulcro, tenía el más cordial de los tratos y las cosas funcionaban. Ahora, en la era de la ‘calidad total’, somos presa de jovencitos de playera y cabello mal engominado, que no prestan atención a lo que el usuario les dice y que carecen del más mínimo indicio de educación.
Las instituciones bancarias deben someterse al escrutinio público y tomar las quejas y sugerencias de los usuarios para mejorar, porque encima de que cobran unas comisiones que dan miedo y que no solucionan los problemas que ellos mismos generan, la población está sujeta a que tienen, por su propia naturaleza, el monopolio de ese tipo de servicios.
3 comentarios:
Los bancos se arriesgan a que un porcentaje de sus clientes no pague porque existen muchos más que pagan intereses altísimos.
Casi nadie liquida el total de sus consumos en el mes. Pagan el mínimo o algo más del mínimo. Por consiguiente, los intereses prolongan la deuda. Y así, el cliente paga mucho más de lo que consume, permanentemente y a menudo sin darle mucha importancia.
De ahí la agresividad de los bancos por colocar más y más tarjetas. Sus extraordinarias ganancias superan con mucho las potenciales pérdidas. Las cifras de cartera vencida son algo que en realidad no les preocupa.
En realidad, quienes debemos escandalizarnos somos nosotros por la mínima cultura financiera de los mexicanos, incluyendo a buena parte de la clase media y alta que bien podría hacer un uso más inteligente de su dinero.
Estoy de acuerdo con César.... los bancos son negocio -y parte es usura, que es inmoral- pero lo más importante es la educación de nosotros... gastamos de más: sí! Planeamos nuestro retiro? no! En un sistema de familia como el nuestro, los padres que no producen son responsabilidad de los hijos... por falta de educación en la previsión. No hay cultura financiera....
Estoy totalmente de acuerdo, últimamente los bancos se han convertido en una plaga inaguantable por ofrecer sus tarjetas. Llaman telefónicamente a las casas a cualquier hora y día. Lo peor de todo es que aunque ya tengamos la tarjeta del banco que llama, siguen ofreciendo tarjetas. Su incapacidad profesional no les permite checar sus bases de datos y ver quienes son ya clientes. Y también apoyo la opinión sobre la ineficiencia del personal bancario, pues no sólo no tienen el nivel profesional que requiere la atención al público, si no que son un séquito de patanes, mal educados y para acabar pronto NACOS. Uno es también el culpable de dicho trato, pues la mayoría de la gente no se queja, por lo que si uno se queja se pitorrean del quejoso.
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