Este día, 6 de julio de 2007, se cumple el primer centenario del nacimiento de Frida Kahlo, pintora mexicana cuyo trabajo se enmarca en el surrealismo, que nace al lado del muralismo nacionalista de los años treinta y que tiene por contexto la vida misma de la artista.
Si se tratara de otro país, desde el año pasado se hubiera anunciado el acontecimiento y se hubieran programado actividades a lo largo de todo un año. Basta ver lo que hicieron en España con el Año Gaudí en 2002 o el Año Dalí en 2004. Las celebraciones abarcaron los 12 meses y las campañas no se limitaron al territorio español.
Volviendo al caso de Kahlo, con enfado corroboro la miopía gubernamental en materia de cultura. Siendo Frida una de las figuras más conocidas y reconocidas del arte mexicano en el mundo, era para que se hubiera planeado un 2007 de ‘fridomanía’: catálogos, libros, timbres conmemorativos, exposiciones, conferencias, programas de radio y televisión, eventos en las representaciones de México en el extranjero y un sinnúmero de artículos como tazas, playeras, gorras, corbatas, mochilas y separadores de libros con el logotipo o tipografía que ex profeso se hubiera diseñado para la ocasión.
Más allá de que nos guste o no la vida y obra de Frida Kahlo, hay que reconocer que es un tema que da para mucho, tanto en lo artístico –su técnica, motivos, colores, etc– como en lo político –debido a su filiación comunista–, lo psicológico –hay quienes no encuentran explicación y hasta consideran patológica su relación con Diego Rivera– y ahora hasta lo económico –por todos los recursos que pudieran generarse gracias a la parafernalia que produce, por lo que incluí los artículos promocionales en el caso hipotético de la ‘fridomanía del 2007’–.
Pero al gobierno ‘se le llena la boca’ hablando de una ‘magna exposición’ en Bellas Artes, como si 2 tristes meses fueran suficientes para celebrar la complejidad y la originalidad de la obra de Frida Kahlo, como si prolongar las jornadas laborales de 9 a 9 en el museo bastara para dar una justa dimensión a la artista.
Los medios también hacen su parte: tanto los impresos como los electrónicos se muestran efusivos al señalar que en una semana o dos han visitado la exposición más de x miles de personas, como si entrar al recinto y pasar frente a los objetos u obras expuestas fuera suficiente. Eso es conformarse: trasladarse, pagar la entrada y recorrer los pasillos del lugar sólo para decir ‘Yo estuve ahí’ –lo mismo pasó recientemente con Faraón, el culto al sol en el antiguo Egipto en el Museo Nacional de Antropología e Historia–, porque en esa circunstancia cabría preguntarse, ¿qué dejó la exposición al visitante?
Y es que la importancia de un autor o una obra actualmente se reduce a números: tantos visitantes en tanto tiempo, tantos miles de tal moneda recaudados, etc… cuando lo mejor es ir más allá, poner lo cualitativo por encima de lo cuantitativo. En eso consiste la educación artística y estética, y es que el centenario de Frida también trae a colación la mediocridad de la que de ésta última se imparte en México: si en la casa no se tiene el gusto por el arte, los museos y el patrimonio cultural, olvidado está que los hijos se interesen por ello.
Recaería en los programas educativos la obligación de llenar esas lagunas. Y con ‘educación artística’ no se debe entender el mandato de que los alumnos asistan a las exposiciones para copiar las fichas museográficas, o que acudan a conciertos u obras de teatro para presentar el boleto a la semana siguiente. Eso no deja nada, más que la idea de que cultura es igual a aburrido, tedioso.
No. Educación artística es la que debe desarrollar el sentido estético en las personas: fijarse en las texturas, las líneas, las notas; interesarse por lo que esconde cada obra, dejarse llevar por los sentidos, despertar la imaginación… Por lo anterior, les invito a que nosotros mismos hagamos nuestro ‘2007 de Fridomanía’, en el cual no sólo nos acerquemos al arte de esa singular pintora, sino que permitamos que sea ella quien nos lleve de la mano al inagotable y maravilloso mundo del arte universal.
Si se tratara de otro país, desde el año pasado se hubiera anunciado el acontecimiento y se hubieran programado actividades a lo largo de todo un año. Basta ver lo que hicieron en España con el Año Gaudí en 2002 o el Año Dalí en 2004. Las celebraciones abarcaron los 12 meses y las campañas no se limitaron al territorio español.
Volviendo al caso de Kahlo, con enfado corroboro la miopía gubernamental en materia de cultura. Siendo Frida una de las figuras más conocidas y reconocidas del arte mexicano en el mundo, era para que se hubiera planeado un 2007 de ‘fridomanía’: catálogos, libros, timbres conmemorativos, exposiciones, conferencias, programas de radio y televisión, eventos en las representaciones de México en el extranjero y un sinnúmero de artículos como tazas, playeras, gorras, corbatas, mochilas y separadores de libros con el logotipo o tipografía que ex profeso se hubiera diseñado para la ocasión.
Más allá de que nos guste o no la vida y obra de Frida Kahlo, hay que reconocer que es un tema que da para mucho, tanto en lo artístico –su técnica, motivos, colores, etc– como en lo político –debido a su filiación comunista–, lo psicológico –hay quienes no encuentran explicación y hasta consideran patológica su relación con Diego Rivera– y ahora hasta lo económico –por todos los recursos que pudieran generarse gracias a la parafernalia que produce, por lo que incluí los artículos promocionales en el caso hipotético de la ‘fridomanía del 2007’–.
Pero al gobierno ‘se le llena la boca’ hablando de una ‘magna exposición’ en Bellas Artes, como si 2 tristes meses fueran suficientes para celebrar la complejidad y la originalidad de la obra de Frida Kahlo, como si prolongar las jornadas laborales de 9 a 9 en el museo bastara para dar una justa dimensión a la artista.
Los medios también hacen su parte: tanto los impresos como los electrónicos se muestran efusivos al señalar que en una semana o dos han visitado la exposición más de x miles de personas, como si entrar al recinto y pasar frente a los objetos u obras expuestas fuera suficiente. Eso es conformarse: trasladarse, pagar la entrada y recorrer los pasillos del lugar sólo para decir ‘Yo estuve ahí’ –lo mismo pasó recientemente con Faraón, el culto al sol en el antiguo Egipto en el Museo Nacional de Antropología e Historia–, porque en esa circunstancia cabría preguntarse, ¿qué dejó la exposición al visitante?
Y es que la importancia de un autor o una obra actualmente se reduce a números: tantos visitantes en tanto tiempo, tantos miles de tal moneda recaudados, etc… cuando lo mejor es ir más allá, poner lo cualitativo por encima de lo cuantitativo. En eso consiste la educación artística y estética, y es que el centenario de Frida también trae a colación la mediocridad de la que de ésta última se imparte en México: si en la casa no se tiene el gusto por el arte, los museos y el patrimonio cultural, olvidado está que los hijos se interesen por ello.
Recaería en los programas educativos la obligación de llenar esas lagunas. Y con ‘educación artística’ no se debe entender el mandato de que los alumnos asistan a las exposiciones para copiar las fichas museográficas, o que acudan a conciertos u obras de teatro para presentar el boleto a la semana siguiente. Eso no deja nada, más que la idea de que cultura es igual a aburrido, tedioso.
No. Educación artística es la que debe desarrollar el sentido estético en las personas: fijarse en las texturas, las líneas, las notas; interesarse por lo que esconde cada obra, dejarse llevar por los sentidos, despertar la imaginación… Por lo anterior, les invito a que nosotros mismos hagamos nuestro ‘2007 de Fridomanía’, en el cual no sólo nos acerquemos al arte de esa singular pintora, sino que permitamos que sea ella quien nos lleve de la mano al inagotable y maravilloso mundo del arte universal.
3 comentarios:
Estoy de acuerdo contigo. Algunos ejemplos nacionales de ello son el Bicentenario del natalicio de Benito Juárez; que quienes trabajamos en el Gobierno Federal "lo sufrimos" al tener que incorporar en todo oficio o comunicación la emblemática frase que nos recordaba ello... O lo que se pretende hacer con el Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia para el 2010... En fin... sería conveniente que hubiera congruencia y continuidad en las políticas para tales festejos... Saludos,
Definitivamente esta hubiera sido una buena oportunidad para darle una difusión más amplia a esta gran mujer a quien tanto admiro, pero nuestras autoridades están muy ocupadas en estarse peleando entre partidos. Saludos.
En el año de Frida se evidenció la desarticulación de las instituciones culturales. Aquellas que tienen relación directa con Frida trabajaron desde su trinchera y nada más. El Estado, el único con capacidad de articularlas, careció de visión, no dedicó al centenario de Frida ni la profundidad ni la amplitud que merecía.
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