viernes, 13 de julio de 2007

Las Nuevas 7 Maravillas del Mundo

Hace algunos ayeres, el mundo fue testigo de la existencia de siete sitios en los que se manifestaba la grandeza humana. Ellos fueron el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Efeso, la Estatua de Zeus en Olimpia y las Pirámides de Egipto, siendo estas últimas las únicas que se conservan hasta nuestros días.

El pasado 7 de julio –es decir, 7 del 7 del 7, con una clara premeditación mística, cabalística o incluso mítica– fuimos testigos de la declaración de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo. Haciendo uso del avance tecnológico a nuestro alcance, tuvimos la oportunidad de formar parte del acontecimiento, ya que uno podía seleccionar a los siete lugares o monumentos que considerara emblemáticos para la humanidad.

No fue sencilla la elección, pues algunos tienen el mérito de la prueba del tiempo, mientras otros se han convertido en iconos del mundo moderno.

Y después de años –no meses, pues alrededor del año 2001 ya existía la página electrónica que esbozaba el proyecto– de sondeos, visitas, campañas nacionales y el ‘pasa la voz’ de la votación, las Nuevas Siete Maravillas del Mundo son el Coliseo Romano, el Taj Mahal, Machu Pichu, Petra, la Muralla China, la estatua de Cristo Redentor y por supuesto Chichén Itzá, gran orgullo mexicano.

La UNESCO se deslindó de la votación, señalando que lo que ellos otorgan es una Declaratoria de Patrimonio Común de la Humanidad, la cual lleva consigo un proceso que inicia cuando un Estado miembro elabora una lista con los sitios excepcionales –ya sean culturales, naturales o mixtos– que yacen en su territorio.

Posteriormente, la organización realiza estudios especializados en torno a si dichos lugares cumplen con ciertos criterios establecidos para ser considerados algo trascendental. Si se otorga la Declaratoria, el Estado que lo alberga se compromete a velar por su preservación para disfrute de futuras generaciones.

Pero en realidad, las Declaratorias no se contraponen con las Nuevas Siete Maravillas, sino que simplemente el reconocimiento que otorgan es distinto. La una no descalifica a la otra, simplemente la selección y los criterios cambian. En el primero, los Estados, los especialistas y la organización deciden conjuntamente; en el último fue la voluntad de alrededor de 100 millones de personas, en una manifestación global en torno a una iniciativa que se sintió como parte de la colectividad mundial, ya sea por motivos emocionales o reconociendo lo que encierra culturalmente cada una de esas obras.

A partir de este reconocimiento, el pronóstico es que el número de turistas que visiten esos sitios aumente en los próximos años. Lo anterior no está nada mal, tomando en cuenta que el turismo es una de las actividades más nobles y sustentables que se ha venido perfeccionando en los últimos años, siempre y cuando se realice de manera planificada, pues tampoco hay que perder de vista que el turismo masivo, corrupto e improvisado puede provocar estragos en la localidad donde se lleve a cabo.

Con esto ya tienen para trabajar un buen rato nuestros funcionarios a nivel federal, estatal y municipal, que tendrán la obligación de sentarse a la misma mesa de diálogo con empresarios y comunidades para formular un plan integral que contribuya a preservar Chichén Itzá, ese singular sitio que carece de vigilancia, que se ve perturbado por algunos pseudo guías de turistas, que tiene un considerable comercio informal, que se siente peligrar por los asentamientos irregulares adyacentes y que a pesar de la apatía de las autoridades es y seguirá siendo nuestra eterna maravilla.

Sea como sea, considero que la convocatoria de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo nos hizo reflexionar, aunque sea brevemente, acerca de la belleza, la monumentalidad y la originalidad de los sitios candidatos. Y eso nos enaltece como humanidad al reconocernos grandes, únicos y diversos. En pocas palabras: unidos, festejando nuestra condición humana.

1 comentario:

Pau dijo...

El nombramiento de Chichen como una nueva maravilla provocará mayor afluencia turística al lugar y ello contribuirá a mejorar la economía de la zona. Es muy importante que dicho incremento en la actividad económica sea aprovechado y que los recursos que en específico ingresen al INAH por la entrada al lugar se utilicen de forma eficiente y transparente. Con ello se contribuirá al mantenimiento de esta zona arqueológica y de muchas otras que por lo escaso de los recursos, el mantenimiento y su operación no se encuentra en la mejores condiciones.