Cuando el reloj marque el primer minuto del sábado 21 de julio de 2007, el séptimo y último libro de las aventuras de Harry Potter saldrá a la venta simultáneamente en todo el mundo. La historia se puede leer en 64 idiomas y a la fecha, los seis libros anteriores suman 325 millones de copias vendidas.
Críticos literarios, sociólogos y economistas, entre otros, se preguntan: ¿a qué se debe el éxito de Harry Potter? Yo creo que existen dos respuestas posibles. La primera tiene que ver con el boom de las industrias culturales y su proceso global de producción, distribución y consumo, y la segunda por su estructura y los elementos que lo componen.
Como industria cultural, Harry Potter ejemplifica magistralmente lo que pueden hacer las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito del entretenimiento. Gracias a internet, a los medios impresos y electrónicos es posible crear, difundir y distribuir lo que se desee.
Los primeros libros tuvieron una ‘vida normal’, como cualquier libro. Sin embargo, conforme fue creciendo la popularidad del personaje, la publicidad hizo de las suyas y aprovechando los medios a su alcance, las preventas en librerías y en la red así como la generación de expectativas entre el público se volvieron la constante. Todos quieren ser los primeros en leer los libros, en saber si Voldemort triunfará, qué pasará con Harry cuando cumpla la mayoría de edad, cuál es el bando de Snape, etc…
También gracias a la publicidad, Harry Potter se convirtió en toda una marca que vende, y vende bien, en todo el orbe. Aprovechando su posicionamiento –en términos de mercadotecnia–, algunas empresas pagan por utilizar la imagen del mago para comercializar sus propios bienes o servicios. Tal es el caso de los cuadernos con los personajes en portada, o la ropa, o el cereal edición limitada, los juguetes, ropa para mascotas, disfraces, el vaso especial en la compra de hamburguesas, etc…. etc… etc…
Incluso, con inversiones millonarias que se recuperan durante el primer fin de semana en taquilla, se han filmado las películas y próximamente se empezará la construcción de un parque temático en Estados Unidos, donde seguro el visitante podrá comprar caramelos en el pueblo de Hogsmeade, beber cerveza de mantequilla, abordar el Expreso a Hogwarts y muy probablemente volar sobre una escoba en algún juego mecánico.
Como creación literaria, el valor de Harry Potter radica en que es una historia que bien se puede contar hoy, mañana o pasado mañana sin que pase de moda, pues no tiene elementos de coyuntura, sino aquellos presentes en los grandes relatos.
La escuela de magia puede estar en cualquier parte y las criaturas mágicas son completamente fantásticas. Además, se cuenta con brujas, gatos, varitas mágicas, hechizos, pócimas, seres mitológicos y la eterna lucha entre el bien y el mal. Cada personaje juega un papel importante en la historia, pues alguno del segundo libro reaparece en el quinto, o los del tercero en el sexto, sin dejar un solo cabo suelto, con un dominio de la trama que sólo una mente poderosamente creativa podría inventar.
Me atrevo a afirmar que Harry Potter es mucho más que una marca porque el objetivo de Rowling al crearlo no era tanto el vender, sino contar una historia, la historia que concibió su imaginación. Que después se convirtiera en fenómeno y surgiera la pottermanía fue cosa aparte, pero de que es un gran relato, lo es.
Yo me confieso ferviente seguidora de los libros de Harry Potter y su mundo mágico, y es por eso que me quedo con esta última explicación, porque a pesar de la comercialización de la marca y del negocio que pueda generar, para mi siempre será una buena historia que puede ya formar parte de los relatos de todos los tiempos.
Críticos literarios, sociólogos y economistas, entre otros, se preguntan: ¿a qué se debe el éxito de Harry Potter? Yo creo que existen dos respuestas posibles. La primera tiene que ver con el boom de las industrias culturales y su proceso global de producción, distribución y consumo, y la segunda por su estructura y los elementos que lo componen.
Como industria cultural, Harry Potter ejemplifica magistralmente lo que pueden hacer las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito del entretenimiento. Gracias a internet, a los medios impresos y electrónicos es posible crear, difundir y distribuir lo que se desee.
Los primeros libros tuvieron una ‘vida normal’, como cualquier libro. Sin embargo, conforme fue creciendo la popularidad del personaje, la publicidad hizo de las suyas y aprovechando los medios a su alcance, las preventas en librerías y en la red así como la generación de expectativas entre el público se volvieron la constante. Todos quieren ser los primeros en leer los libros, en saber si Voldemort triunfará, qué pasará con Harry cuando cumpla la mayoría de edad, cuál es el bando de Snape, etc…
También gracias a la publicidad, Harry Potter se convirtió en toda una marca que vende, y vende bien, en todo el orbe. Aprovechando su posicionamiento –en términos de mercadotecnia–, algunas empresas pagan por utilizar la imagen del mago para comercializar sus propios bienes o servicios. Tal es el caso de los cuadernos con los personajes en portada, o la ropa, o el cereal edición limitada, los juguetes, ropa para mascotas, disfraces, el vaso especial en la compra de hamburguesas, etc…. etc… etc…
Incluso, con inversiones millonarias que se recuperan durante el primer fin de semana en taquilla, se han filmado las películas y próximamente se empezará la construcción de un parque temático en Estados Unidos, donde seguro el visitante podrá comprar caramelos en el pueblo de Hogsmeade, beber cerveza de mantequilla, abordar el Expreso a Hogwarts y muy probablemente volar sobre una escoba en algún juego mecánico.
Como creación literaria, el valor de Harry Potter radica en que es una historia que bien se puede contar hoy, mañana o pasado mañana sin que pase de moda, pues no tiene elementos de coyuntura, sino aquellos presentes en los grandes relatos.
La escuela de magia puede estar en cualquier parte y las criaturas mágicas son completamente fantásticas. Además, se cuenta con brujas, gatos, varitas mágicas, hechizos, pócimas, seres mitológicos y la eterna lucha entre el bien y el mal. Cada personaje juega un papel importante en la historia, pues alguno del segundo libro reaparece en el quinto, o los del tercero en el sexto, sin dejar un solo cabo suelto, con un dominio de la trama que sólo una mente poderosamente creativa podría inventar.
Me atrevo a afirmar que Harry Potter es mucho más que una marca porque el objetivo de Rowling al crearlo no era tanto el vender, sino contar una historia, la historia que concibió su imaginación. Que después se convirtiera en fenómeno y surgiera la pottermanía fue cosa aparte, pero de que es un gran relato, lo es.
Yo me confieso ferviente seguidora de los libros de Harry Potter y su mundo mágico, y es por eso que me quedo con esta última explicación, porque a pesar de la comercialización de la marca y del negocio que pueda generar, para mi siempre será una buena historia que puede ya formar parte de los relatos de todos los tiempos.
2 comentarios:
Coincido en que detrás de la mercadotecnia (sobre todo a partir de las películas) hay una gran historia.
Tu análisis me parece excelente porque a partir del mismo puede explicarse la diferencia con otra gran saga literaria: El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien.
Publicados en los años cincuenta, los libros de Tolkien se ganaron un bien merecido prestigio en generaciones sucesivas de lectores.
No obstante fue a partir de la superproducción de Hollywood que sus ventas editoriales cobraron nuevo auge. Poco después le llegó el turno a las Crónicas de Narnia del escritor C.S. Lewis, también británico, amigo y colega de Tolkien en la Universidad de Oxford.
Naturalmente, el increíble poder y complejidad de las industrias culturales de nuestro tiempo cuenta, en el caso de Harry Potter, con una ventaja adicional: la novedad.
Porque hasta hoy por la noche, nadie en el mundo -salvo su autora y editores- conoce el final.
Es increíble como una persona por una necesidad económica para el sustento de su familia, haya creado una serie de aventuras tan interesantes y que cada día van tomando más importancia dentro de la cinematografía. La verdad soy adicta a Harry Potter. Una vez más felicidades Lety por tan acertada opinión.
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