Como amantes declarados de la planeación que somos, hemos iniciado el sondeo de escuelas para que el día indicado la pequeña Lety asista a una de ellas.
Lo primero fue hacer una lista de aquellas escuelas en la zona sur de las que tuviéramos conocimiento que fueran buenas. Posteriormente buscamos sus páginas de internet y tomamos el dato para hacer la cita correspondiente y así conocerlas en vivo y en directo. Pero cuál ha sido nuestra sorpresa al percatarnos que, a pesar del presumido prestigio, de que parecieran tener una curricula muy completa y que en la red se ven súper, lo cierto es que el león no es como lo pintan.
La primera a la que fuimos, por el rumbo de Las Águilas, aprovechó el fallecimiento de su fundadora para pretender hacerla ridículamente moderna, con la inclusión del Ipad desde preprimaria y la eliminación del uso del libro –nunca hay que olvidar que la tecnología es una excelente herramienta, pero en ningún momento debe ser un todo–. Además, incluían el ajedrez como materia obligatoria –con lo mucho que lo detesto, ¿y que lo califiquen? Qué horror–, además de clases de ‘chino mandarín’ – peor aún, como si de veras hablar chino te diera un plus en la vida. Como que los niños ya tienen suficiente como para encima complicarles la vida con ideogramas inútiles–.
De precios parecía no estar tan mal, excepto que a las colegiaturas se debe agregar el costo de las mentadas Ipad (renta y anualidad) y el transporte escolar, porque está bastante lejos de casa (que eso tampoco es bueno para los pobres críos…). Descartada en automático.
La segunda que visitamos fue la que nos queda más cerca de casa. Siempre ha tenido fama de tener mal ambiente y de ser costosa, pero no imaginamos cuánto. Llegamos a la dirección y una tipa súper déspota nos atendió. Habíamos hecho la cita por correo electrónico hacía semanas y que nos van saliendo con que el recorrido había sido el día anterior porque habían cambiado la fecha, cosa que nunca avisaron. Mientras yo hablaba con ella en el mostrador, mi mamá detenía a Lety, a la vista de un viejo y sus hijos adolescentes que ni por equivocación les cedieron el asiento (no cabe duda que la educación viene de casa y no por los miles que pagues…).
Adicionalmente, las instalaciones no son más que edificios y el kínder tiene tantísimas escaleras que los niños dependen permanentemente de alguien que les conduzca, con el peligro adicional de lo que eso implica para un potencial accidente. Además, lo que venden son hábitos que vienen de casa, como enseñar a los niños a regar las plantas y separar la basura. Descartada, por supuesto.
La siguiente escuela fue por Tlalpan, tampoco muy lejos de nuestros lares. Por fuera se veía muy bien, pintadita de blanco, con unas ventanas monas. Pasamos a primaria a que nos dieran la información y de ahí remiten a la gente al preescolar. Si bien es cierto hemos dicho que podríamos sacrificar magnas instalaciones por contar con el club, lo que encontramos fue un lugar lóbrego y deprimente, que consiste en una casa vieja y destartalada, con una barda bajísima (por la que cualquier maloso se brinca) y cuartuchos que suponen ser salones de clase –y de lo peorcito fue lo que la mujer, digo, la pseudo directora del kínder, llamó ‘biblioteca’, que consistía en una caja de cartón con algunos folletos, fatal–. Naturalmente descartada.
Otra fue por la zona de Villa Coapa, un lugar que suponía tener un buen nivel de inglés de acuerdo a lo que la misma gente dice. Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que el lugar es como un reclusorio, con todas las ventanas enrejadas y con vidrios de espejo para que nadie vea hacia adentro. Y si uno está adentro los salones son tan obscuros que no dan ganas de estudiar (ni de nada…).
Además, no tienen separado al preescolar de la primaria ni de la secundaria, un revoltijo espantoso, y no por ser elitista ni mucho menos, pero la gente que va ahí es la típica que ahora tiene más dinero pero no educación y la verdad uno no quiere convivir con ellos. Ah, y por poco se me va mencionar que ni siquiera tienen un patio decente, ni siquiera eso… Y el papel que nos dieron, que sólo contenía los montos de colegiatura por nivel de escolaridad, era una vil tercera parte de una hoja carta, una porquería como la propia escuela… Descartadisisisísima.
Como se puede ver el panorama es desolador, y de tantas escuelas que ve uno de pasada en realidad no se hace una. Pero por eso es bueno hacer las cosas con tiempo, para evitar posibles eventualidades. De esta manera seguiremos en la búsqueda, algo bueno hemos de encontrar…
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