viernes, 2 de diciembre de 2011

La otra infraestructura

El día de mañana se celebrará el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Destaco la fecha porque ahora que tenemos a Lety y necesitamos cierta infraestructura para su carriola nos damos cuenta que al menos esta ciudad no está hecha para personas con necesidades especiales.

Un ejemplo son las banquetas: muy pocas tienen las condiciones que se requieren para circular con algún tipo de ‘microvehículo’, llámese silla de ruedas o carrito infantil, ya que son muy angostas, o el pavimento está levantado por las raíces de los árboles, o no hay rampas para subir y bajar de ellas (y si las hay no faltan los autos que las obstruyen).

Otro son las escaleras: prácticamente todo tiene escalones, qué terrible. En ocasiones, cuando van dos o más personas acompañando al ‘microvehículo’, en caso necesario se levanta simultáneamente de adelante y atrás y se logra el desplazamiento. Pero cuando va una persona, ni modo que quien va a bordo vaya dando tumbos de escalón en escalón (además eso puede ser peligroso).

Si se corre con suerte hay elevadores en algunos sitios, llámense centros comerciales, salas de concierto, librerías, hospitales o museos. Sin embargo, aunque se especifica que discapacitados, adultos mayores y personas con bebés tienen la preferencia, lo cierto es que pocos respetan y hasta se apuran para ganar el lugar dentro del ascensor y cerrar las puertas para abusar a expensas de su anonimato.

Y concretamente en materia de infraestructura exclusiva para bebés, lo cierto es que se adolece de espacios para cambiarles el pañal o alimentarlos cuando uno está fuera de casa. En el primer caso, no todos los baños de espacios públicos cuentan con cambiadores (en ocasiones ni baños hay…) , y si los tienen, como en algunas tiendas, muchas veces están en medio de las puertas de los demás baños y uno queda ‘de salero’ con todo y crío. El colmo es que ni siquiera en instalaciones de gobierno, que es donde se debería ir a la vanguardia en esos temas, se tienen condiciones adecuadas.

Por ejemplo, cuando fuimos a una clínica del ISSSTE para vacunar a Lety, tuvimos necesidad de cambiarla, pregunté si había un cambiador y luego de verse con cara de interrogación, dos enfermeras me dijeron ‘Pues en una banca’, voltee a ver a mi alrededor y como no vi claro volví a dirigirme a ellas ‘Y dónde está esa banca’, y las tipitas ‘Pues cualquiera de esas’, señalando esos grupos de pseudo butacas individuales, unidas mediante una base de metal, duras como pata de muerto, que ponen en ciertas oficinas públicas, como si ahí se pudiera maniobrar…

Y de la comida ni hablar, debe uno darse por bien servido si encuentra lugar en el área de comida rápida del centro comercial o si se topa con una banca disponible para proceder a la papilla o la mamilita, muchas veces con la incomodidad de no tener dónde poner al pequeño o dónde apoyarse.

En ambos casos, la carencia se puede amortiguar cambiando al bebé en su carriola o dándole de comer en la silla del auto. Pero yo digo, ¿y qué hacen aquellos que no disponen de recursos para adquirir ciertos adminículos, o los que andan a pie o en el transporte público? Porque las necesidades de discapacitados y bebés no corresponden a un sector con cierto poder adquisitivo, sino que la infraestructura especial debería ser accesible a toda la población.

Y ahora que estamos más conscientes que nunca de esas carencias, me quito el sombrero ante todo aquel que ante la adversidad física sale adelante y se desplaza sin importar que no existan las condiciones adecuadas para hacerlo. Si no, a darse una vuelta por el metro para asombrarse con todos los invidentes y minusválidos que por necesidad utilizan ese transporte: sinceramente, mis respetos…

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