Como era de esperarse lo hicimos una vez más: durante la Sexta Reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, celebrada los últimos días de noviembre en Bali, Indonesia, el mariachi fue declarado patrimonio cultural de la humanidad.
Los expertos del Comité decidieron otorgar el reconocimiento porque el mariachi es una tradición que se ha transmitido de generación en generación y se le ha recreado constantemente durante eventos festivos, religiosos y sociales, reforzando el sentido de identidad y continuidad de sus comunidades portadoras, tanto en México como en el extranjero.
Celebro ese tipo de acontecimientos porque muestran que hay cosas que trascienden el plano material, que dejan a un lado rencillas, que continúan a pesar de los problemas y que forman parte de la esencia de las comunidades. Porque una persona puede cambiar de lugar de residencia, de nivel socioeconómico, de estado civil o de empleo, entre muchas transformaciones de vida, pero lleva siempre consigo un cúmulo de elementos que no pueden ser enajenados porque se llevan en lo más profundo.
Eso es el patrimonio cultural inmaterial, manifiesto en las artesanías, festividades, conocimientos empíricos, gastronomía, música y danza, es algo inherente a la identidad y que se transmite de generación en generación.
Tal es el caso del mariachi, pues uno puede estar en otro país o conviviendo con extranjeros y al escuchar ciertos acordes interpretados en conjunto por violines, guitarra, vihuela, guitarrón y trompetas se percata al instante que se trata de esa música, aquella con la que uno se identifica como mexicano –porque hay que señalar que aunque las manifestaciones culturales inmateriales son tan variadas como lo es nuestra diversidad, lo cierto es que el mariachi, los charros y el tequila se han erigido como los grandes iconos de la mexicanidad–.
Y me lleno de emoción al pensar en el momento en que se otorgaron las declaratorias –porque también se extendieron al fado portugués, la equitación tradicional francesa, los conocimientos de los chamanes jaguares colombianos y el duelo poético chipriota Tsiattista, entre otras–, pues luego de los discursos, los aplausos y la formalidad, se abrieron las puertas del recinto donde sesionaban para dar paso a la irrupción triunfal, vibrante e intensa de un mariachi entonando el emblemático ‘Son de la negra’, sellando con un auténtico broche de oro musical las sesiones de trabajo del Comité.
Enhorabuena, mexicanos, que este reconocimiento es para orgullo de todos nosotros!!
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