Entre las múltiples ‘bondades’ que se han dado en mi oficina, la constante han sido los robos: desde celulares y computadoras portátiles hasta aparatos telefónicos fijos (que son de la propia institución…) y comida del refrigerador (literalmente qué muertos de hambre, jaja).
El hurto más reciente se registró la semana pasada cuando a una chica de servicio social le volaron el Blackberry. Como todos hemos hecho ante situaciones como esa, se procedió a informar lo ocurrido a la Dirección General de Protección Civil (mejor conocida como Seguridad), que una vez más no sirvió para bendita cosa.
Todo pareciera muy serio: luego de emitida la denuncia, personal de Seguridad –conformado por un funcionario administrativo y uno o dos ‘polis’– realizan un recorrido por la zona donde se registró el robo. Y rodean, se agachan, observan todo alrededor y le hacen mucho al cuento mientras preguntan ‘¿A qué hora fue, quién se sienta cerca, ya había sucedido antes?’, etcétera etcétera, y aunque dicen que estarán pendientes, lo cierto es que el asunto ahí queda.
En esta ocasión surgió un elemento nuevo que podía ser contundente para sorprender al ladrón; resulta que hay unas cámaras a la entrada del piso que alcanzaron a captar cuando una persona se acerca al lugar de la agraviada y se va apresuradamente. Todos dijimos ‘Ajá, o sea que finalmente pondrán en evidencia a los ladronzuelos de este lugar, qué barbaridad, y ojalá tomen cartas en el asunto y a la calle con el personaje’.
La chica nos contó que le enseñaron los videos y ella dijo ‘Creo que sé quién es’, y de manera inquisitiva, casi amenazadora, le dijeron ‘Pero está segura, cien por ciento segura’, ‘Me parece que sí’, ‘Y habrá que ver si es alguien del sindicato, porque no queremos problemas. Bueno, pues tomaremos las medidas pertinentes’.
Todos esperábamos algo contundente, que se viera que la gente no puede andar por la vida robando al prójimo como cualquier cosa. En eso, a los pocos días, llega uno de Seguridad a la oficina, se para en medio de todo y dice ‘Su atención, por favor, su atención: se les suplica que guarden bien sus cosas y no las dejen sobre el escritorio. Es por su seguridad’.
En pocas palabras, ¿qué fue eso, para qué sirvió el proceso? Está bien que la prevención es la primera medida a impulsar para evitar cualquier anomalía o contratiempo, pero si el delito ya se había cometido ¿por qué no indagar con base en los videos, por qué no poner más cámaras en lugares estratégicos, por qué siempre la salida fácil?
Ah, porque incluso hay quienes dicen ‘Mona tonta, para qué dejó el Blackberry sobre el escritorio, a quién se le ocurre’. Pero lo cierto es que nadie tiene por qué tomar lo que no es suyo, así fuera un fajo de billetes, joyas o un coche con la llave puesta.
Como ejemplo recordé que hace unos años decían que en Japón se ponen a disposición de la ciudadanía contenedores llenos de paraguas en época de lluvias, los cuales son devueltos al rato o el día siguiente por los usuarios (igualiiiito que aquí...).
En serio que en ese microcosmos laboral uno se da cuenta por qué el mexicano está en el hoyo y no contento con eso sigue cavando: porque no hace valer las normas, porque no se hace responsable ni se involucra, porque abusa de todo y porque todo eso lleva a pensar que denunciar o levantar la voz no sirve de nada, llevando a la apatía absoluta.
(Eso sí, yo digo que si alguien tiene hambre y se da cuenta que el prójimo tiene comida, ¿por qué no mejor pedirla en lugar de hurtarla? Lo peor es que una vez el ladrón de la oficina vio una rebanada de panqué casero en un escritorio, se comió el centro y dejó en la servilleta la orilla doradita del pan: qué tal, ratero cínico que no gustó del menú, jajaja).
El hurto más reciente se registró la semana pasada cuando a una chica de servicio social le volaron el Blackberry. Como todos hemos hecho ante situaciones como esa, se procedió a informar lo ocurrido a la Dirección General de Protección Civil (mejor conocida como Seguridad), que una vez más no sirvió para bendita cosa.
Todo pareciera muy serio: luego de emitida la denuncia, personal de Seguridad –conformado por un funcionario administrativo y uno o dos ‘polis’– realizan un recorrido por la zona donde se registró el robo. Y rodean, se agachan, observan todo alrededor y le hacen mucho al cuento mientras preguntan ‘¿A qué hora fue, quién se sienta cerca, ya había sucedido antes?’, etcétera etcétera, y aunque dicen que estarán pendientes, lo cierto es que el asunto ahí queda.
En esta ocasión surgió un elemento nuevo que podía ser contundente para sorprender al ladrón; resulta que hay unas cámaras a la entrada del piso que alcanzaron a captar cuando una persona se acerca al lugar de la agraviada y se va apresuradamente. Todos dijimos ‘Ajá, o sea que finalmente pondrán en evidencia a los ladronzuelos de este lugar, qué barbaridad, y ojalá tomen cartas en el asunto y a la calle con el personaje’.
La chica nos contó que le enseñaron los videos y ella dijo ‘Creo que sé quién es’, y de manera inquisitiva, casi amenazadora, le dijeron ‘Pero está segura, cien por ciento segura’, ‘Me parece que sí’, ‘Y habrá que ver si es alguien del sindicato, porque no queremos problemas. Bueno, pues tomaremos las medidas pertinentes’.
Todos esperábamos algo contundente, que se viera que la gente no puede andar por la vida robando al prójimo como cualquier cosa. En eso, a los pocos días, llega uno de Seguridad a la oficina, se para en medio de todo y dice ‘Su atención, por favor, su atención: se les suplica que guarden bien sus cosas y no las dejen sobre el escritorio. Es por su seguridad’.
En pocas palabras, ¿qué fue eso, para qué sirvió el proceso? Está bien que la prevención es la primera medida a impulsar para evitar cualquier anomalía o contratiempo, pero si el delito ya se había cometido ¿por qué no indagar con base en los videos, por qué no poner más cámaras en lugares estratégicos, por qué siempre la salida fácil?
Ah, porque incluso hay quienes dicen ‘Mona tonta, para qué dejó el Blackberry sobre el escritorio, a quién se le ocurre’. Pero lo cierto es que nadie tiene por qué tomar lo que no es suyo, así fuera un fajo de billetes, joyas o un coche con la llave puesta.
Como ejemplo recordé que hace unos años decían que en Japón se ponen a disposición de la ciudadanía contenedores llenos de paraguas en época de lluvias, los cuales son devueltos al rato o el día siguiente por los usuarios (igualiiiito que aquí...).
En serio que en ese microcosmos laboral uno se da cuenta por qué el mexicano está en el hoyo y no contento con eso sigue cavando: porque no hace valer las normas, porque no se hace responsable ni se involucra, porque abusa de todo y porque todo eso lleva a pensar que denunciar o levantar la voz no sirve de nada, llevando a la apatía absoluta.
(Eso sí, yo digo que si alguien tiene hambre y se da cuenta que el prójimo tiene comida, ¿por qué no mejor pedirla en lugar de hurtarla? Lo peor es que una vez el ladrón de la oficina vio una rebanada de panqué casero en un escritorio, se comió el centro y dejó en la servilleta la orilla doradita del pan: qué tal, ratero cínico que no gustó del menú, jajaja).
1 comentario:
Este suceso me recuerda cuando trabajaba para Monitor. En una ocasión sustrajeron un cd de Miguél Bosé que contenía sus mejores éxitos. Reporté la anomalía al departamento de "¿Seguridad?" y por respuesta de parte del encargado sólo obtuve "Que no podían verlo por el video porque estaba descompuesto, y que por favor cuidara mis pertenencias" Jajaja muchas cámaras, y mucha revisión de bolsas y portafolios a la entrada y salida de las oficinas, y hubieron hurtos de antenas y bocinas. VIVA MEXICO SEÑORES, JAJAJA.
Publicar un comentario