martes, 25 de octubre de 2011

Ciclos históricos

El devenir histórico de la humanidad está conformado por ciclos: surgimiento y decadencia de países potencia, inicio y fin de una guerra, auge y declive de un personaje… y así ha sido por los siglos de los siglos.

Uno de esos periodos inició indudablemente en la década de los sesenta del siglo XX, cuando se vivió una efervescencia mundial de críticas y cuestionamientos; muchos países africanos lucharon por su independencia, se registraron innumerables revoluciones y jóvenes de todo el mundo protestaron en contra del statu quo.

Así fue como entraron a escena Euskadi Ta Askatasuna (mejor conocida como ETA) en España, en 1968, y Muamar el Gadafi en Libia, un año después. Y justamente la semana pasada, ambos llegaron a su fin (o al menos eso se espera…).

ETA surgió como una organización vasca, de fundamentos independentistas, nacionalistas y marxistas leninistas, con la convicción de que la lucha armada sería el medio para consolidar el país vasco.

Inicialmente contaban con el apoyo de la población al ser considerados opositores al régimen franquista. Sin embargo, sus extorsiones, asesinatos y secuestros, cada vez más frecuentes y violentos, los han llevado a la lista negra, siendo desaprobados por una extensísima mayoría porque civiles inocentes han pagado los platos que rompen.

Por su parte, Gadafi encabezó la revolución libia que puso fin al reinado de Idris I, transitando así a la República Árabe Libia, de corte socialista, con su consabida nacionalización de empresas, bancos e industrias.

Este polémico personaje, antioccidental y antiimperialista, que llegó a apoyar las causas terroristas del mundo árabe, estableció una dictadura que lo convirtió en el todopoderoso de su país, cayendo en toda clase de excesos y oprimiendo al pueblo libio por décadas.

Ahora, de forma simultánea, estando debilitada su base, ETA anuncia el fin de su actividad armada y Gadafi muere de un balazo en la cabeza. ¿Qué podemos esperar, se trata realmente del final? De esos ciclos como tales sí, aunque las fases que están por venir tanto en España como en Libia pueden tener visos de herencia de esos actores, por las estructuras que conformaron durante tantos años.

En ambos casos se debe tener cautela, mucha cautela: en otras ocasiones, los etarras han anunciado alto al fuego que terminan por incumplir. Además, aun cuando se produzca un cese definitivo de la violencia, los familiares de las víctimas exigen algún tipo de compensación o arrepentimiento público por sus actos, algo que no se ha dado.

En el caso de Gadafi, habrá que ver si alguno de sus hijos no pretende hacerse del poder (aunque es innegable que le sería muy difícil lograrlo) y cuál va a ser la actitud de la comunidad internacional frente al nuevo régimen: recordemos que hay petróleo de por medio y que los países desarrollados de Occidente siempre se han hecho de la vista gorda con tal de satisfacer sus intereses económicos.

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