Siempre he afirmado que mi horario favorito es el de verano: se disfrutan más horas de luz, hace calorcito y oscurece tardíamente, después de las 20 hrs., así que regresamos del trabajo con la sensación de que todavía se pueden hacer otras cosas.
En cambio, llegado el invierno, es medio tristito salir de la oficina, dirigirse a la parada del autobús en medio de la incipiente oscuridad y sentir que el día ha terminado sin siquiera estar en casita (aunque salga uno a la misma hora que en verano).
Sin embargo, en la antesala del horario de invierno, he ido descubriendo que éste, con su clima templado, también tiene su lado especial, y más ahora que está Lety!! A continuación comparto con ustedes algunos de mis motivos para redescubrirlo:
- El invierno anuncia que la Navidad se acerca.
- La oscuridad invernal de la tarde-noche da oportunidad de pedir un deseo a la luna o a la primera estrella que aparece en el cielo.
- El frío es propicio para acurrucarse en las sábanas de franela.
- Mirar la oscuridad exterior a través de las ventanas de casita es el escenario perfecto para hornear un pastel.
- Terminar la jornada laboral y salir cuando ha oscurecido permite disfrutar la iluminación navideña de las calles.
- El aire frío es buen pretexto para usar un lindo gorro o ponerse el abrigo.
- El invierno da pie a tomar ricas bebidas calientes como ponche o chocolate.
-Entrar a un cálido lugar luego de estar en la fría y oscura intemperie da una sensación reconfortante.
- Con la oscuridad invernal dan ganas de sentarse en la sala, encender velas y pasar un buen rato con los seres queridos.
Y lo que más me emociona de todo esto es pensar en la carita que pondrá Lety al momento de encender el árbol de Navidad, en pleno horario de invierno!! (eso sí, a ver qué tal con las 'nuevas' horas para comer y dormir, porque para ella no hay reloj más preciso que el hambre y el sueño!!).