viernes, 4 de marzo de 2011

Sociedad ‘light’

Hace unos meses una amiga nos regaló un libro de kundalini yoga para el embarazo y el parto, el cual resultó ser un muy buen texto que, además de ampliar mis conocimientos en torno a tan importantes procesos, me hizo reflexionar en relación a lo frívola, comodina y hedonista que es nuestra sociedad actual.

Uno de los ejemplos más claros es el peso corporal: en televisión, cualquier fin de semana es posible encontrar de manera simultánea en más de 10 canales, anuncios que prometen eliminar varios kilos y reducir medidas con tal sólo tomar determinado brebaje o pastilla o portando unos tenis especiales.

Lo cierto es que si uno desea mantenerse en forma, lo que necesita es alimentarse balanceadamente y hacer ejercicio real, porque eso de seguirle ‘metiendo duro’ a la comida de manera ilimitada no da resultados positivos –y ojo, porque hay quienes dicen ‘Gracias, pero no quiero postre porque me estoy cuidando’, pero antes de llegar al término de la velada ya han tomado varias bebidas altamente calóricas o han dado cuenta del pan blanco de la canastita correspondiente–.

Y el ‘calzado deportivo mágico’ no es más que una falacia; la persona que lo porta seguramente no dará un paso adicional al día por traerlos, y la distancia de la recámara al baño y de la puerta de la casa al auto no serán actividades suficientes para quemar la grasa corporal sobrante (con esto me acordé de Dave, uno de los personajes del filme británico The Full Monty, que quería bajar de peso envolviéndose el torso en papel plástico mientras disfrutaba de una deliciosa barra de chocolate con nougat). Además, ni modo de andar todo el día con tenis, como que no son lo más estético…

Lo mismo sucede con los partos: muchas mujeres hoy en día solicitan que les practiquen una cesárea, pero no porque tengan necesidad de ello –como cuando el bebé está sentado o al tratarse de un embarazo múltiple–, sino por la ‘comodidad’ implícita en saber fecha y forma exacta en que nacerá el pequeñín porque, ¿para qué desgastarse en dolores? Mejor que les pongan anestesia en el día y a la hora indicados y así ya no ‘sufren’ (y luego piden también que ‘las dopen’ con medicamentos intravenosos que alivian el dolor).

¿A partir de cuándo la humanidad transitaría a ese estado de concha? No lo sé, y aunque facilitarse la vida es válido –como el uso de la tecnología para comunicarse, transportarse, hacer labores domésticas y producir bienes masivamente–, me parece que hay ámbitos en que el encanto se pierde cuando se buscan los ‘caminos fáciles’.

Tal es el caso de la gestación y el nacimiento de un hijo, que no lleva más de 9 meses de embarazo si se trata de uno solo ni 24 horas de trabajo de parto, es decir prácticamente un suspiro en términos totales de la vida promedio de una persona (hay que considerar que pasamos alrededor de 20 años en la escuela y otros 30 desempeñando un empleo para poder jubilarnos).

¿Por qué no mejor disfrutar el fruto de un esfuerzo propio, porque no gozar el factor sorpresa? A mi, el hecho de no saber cuándo ni cómo va a nacer Leticita no me preocupa en lo más mínimo, porque tengo confianza en que todo fluirá de manera natural y que a pesar del dolor (o mejor dicho, de las sensaciones, como dice Gurmukh, la autora del libro de yoga, lejos de las definiciones occidentales) Dios nos creó perfectos para el milagro de la vida (y se los dice una amante declarada de la planeación y la certidumbre).

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