viernes, 18 de febrero de 2011

¡Cuál consideración!

Confieso que en todo momento he disfrutado al máximo mi embarazo: la forma cómo se ha ido desarrollando, cada nuevo movimiento de la Nena, lo que he aprendido del proceso, los cambios de mi cuerpo… ¡TODO! Mis seres queridos han estado al pendiente en todo momento de nosotras y las personas de otros entornos en los que nos desenvolvemos también han dado claras muestras de alegría por la venida de Leticita.

Sin embargo, también ha sido momento de darse cuenta que afuera no se tiene consideración alguna por las mujeres embarazadas; voy de acuerdo que durante los 3 o 4 primeros meses no se nota y la gente se comporta tan individualmente como acostumbra, pero cuando uno anda por la vida con una panza de más de 100 cm de diámetro definitivamente no pasa desapercibida para ser objeto de una atención social.

Por ejemplo, el metro supone tener asientos reservados para grupos prioritarios, tales como adultos mayores, discapacitados, mujeres embarazadas y féminas que llevan menores en brazos. Por lo general, esos lugares los ocupa cualquiera porque no siempre abundan personas de los sectores señalados, pero en cuanto una de ellas se sube al vagón debería ser obligatorio ceder el asiento a quien corresponde.

¿Sí…? Pues nada, lo único que hacen los miserables que van en esos lugares es fingir demencia, o hacerse los dormidos, o que la virgen les habla, o pasar largos e incómodos minutos viendo la panza de la embarazada o el bastón del viejecito sin pararse.

Ni qué decir en los autobuses o en los fishers, en los cuales, so pretexto de la multitud, todo mundo finge no ver al prójimo con tal de no dejar el asiento. Lo más ridículo fue cuando César y yo fuimos al metro en un fisher, hace unas dos semanas, y en el trayecto pasamos por una iglesia: la tipa que iba sentada con mi panza casi en la cara, de unos 36 años, que se va persignando al pasar por el templo. De plano nos reímos y en corto comentamos ‘Qué tal esa vieja cínica: dizque muy religiosa, ¿no?

Ah, porque han de saber que el ‘vale gorrismo social’ no es privativo de los hombres (bueno, si a esos se les puede llamar así…), sino que las mujeres ‘no cantan mal las rancheras’ y tienen cero solidaridad de género (cualquier duda al respecto, observen lo que sucede en las áreas exclusivas para mujeres en los andenes y vagones del metro: es donde peor se ponen los empujones, los arrebatos y la víscera…).

Ni qué decir del entorno laboral, donde supuestamente se crean programas y acciones enfocadas a mejorar las condiciones de las personas vulnerables, entre las que se encuentran mujeres, adultos mayores y jóvenes. A las embarazadas les procuran leche fortificada, suplementos alimenticios, se les incentiva a acudir a las unidades de salud y se les otorgan diversos apoyos para sus hijos menores de 5 años.

Pero a las funcionarias en el mismo estado que trabajan en la institución no les preguntan ni ‘¿Cómo te has sentido?’, o no les hacen ofertas del estilo ‘Si necesitas ir al médico no dudes en hacerlo’, que sería lo más elemental. Es más: un pseudo jefe vino a trabajar con influenza AH1N1, con su oficina a unos metros de la mía, y en ningún momento a las ‘jefas’ se les ocurrió decirme ‘Si en él no cabe la cordura y viene a trabajar, tú vete a casa por el riesgo que eso implica para ti y tu bebé’.

Y la última: el día que se llevó a cabo una gran marcha en la Ciudad de México, a principios de este mes, el edificio donde trabajo estaba rodeado de manifestantes y granaderos. Incluso adentro había un bloque de 5 filas de los llamados ‘robocops’ custodiando que nadie se filtrara por la escalera o los elevadores. El escenario era de temerse ante los antecedentes vandálicos de algunos de los grupos a manifestarse.

Cuando se tiene criterio, como en el trabajo de César, el desalojo de personal es inminente. Sin embargo, a mi lo único que me dijeron fue ‘¿Cómo le vas a hacer en la noche, cuando salgas?’, porque tampoco fueron para decirme ‘Por si se pone feo mejor adelanta la salida, más vale prevenir’.

Gracias a Dios me he sentido estupendamente en estos 8 meses, pero me pregunto, ¿qué, te tienen que ver mal para tener algún tipo de consideración por estar embarazada? Eso no habla más que de una falta de sensibilidad alarmante. Pero como bien dijera Lita, ‘en su salud lo hallarán’.

No hay comentarios: