Llega noviembre y con él la Muestra Internacional de Cine, que es el evento por excelencia para los amantes del llamado ‘cine de arte’. Ahí uno puede encontrar pelis de todo el mundo, incluyendo óperas primas y lo más nuevo de directores consagrados.
César y yo consultamos previamente las sinopsis de los filmes a exhibirse, anotando cuáles no nos podemos perder – por temática o por director – y cuáles de plano pintan para mugrero (como el cine francés, que tiende a ser tedioso e incomprensible, el cine de oriente – chino, japonés, taiwanés, etc… que no nos resulta atractivo, o esas pelis ‘corta-venas’, de una crudeza que no hay necesidad...).
Este año, después de varias Muestras de mediana calidad, la selección fue simplemente sensacional: abrió con ‘Los abrazos rotos’ de Pedro Almodóvar (me encanta el cine de Almodóvar, incluyendo su etapa estridente repleta de psicodelia, situaciones inverosímiles y transexuales, excepto ‘Qué he hecho yo para merecer esto’, que es una bazofia…) y se pudieron ver largometrajes como ‘Nueva York, te amo’ y ‘Un hombre serio’.
‘Nueva York, te amo’ forma parte del ciclo ‘ciudades de amor’, en las cuales una decena de directores exponen un corto de lo que para ellos es emblemático, importante o bizarro de la cotidianidad de esas urbes. En la cinta neoyorkina, es paradójico ver que, a pesar del tamaño de la ciudad, finalmente todo puede estar relacionado. La primera película de la serie fue ‘París, te amo’ y también es muy buena (lo que César y yo nos preguntamos es, ¿qué otras ciudades icono del romance mundial estarán considerando para el ciclo?).
Por su parte, ‘Un hombre serio’ es una clásica película de los hermanos Ethan y Joel Coen, esos maestros del cine que han sabido satirizar con lo mejor del humor negro los excesos religiosos (como esta peli, donde se mofan de las hipocresías al interior del judaísmo), la frivolidad (como los matrimonios por conveniencia de ‘El amor cuesta caro’), la violencia extrema (como se pudo ver en ‘Sin lugar para los débiles’, que les hizo acreedores al Premio Óscar a la mejor película en 2007) y las organizaciones delictivas de corte mafioso (no se pueden perder ‘El quinteto de la muerte’, buenisisísima!!).
Denle una oportunidad al cine de arte – que eso no significa abandonar o despreciar al cine comercial –, porque encima de que pueden encontrar muy buenos filmes, ofrece al espectador ventajas únicas. Ustedes dirán:
- Prácticamente siempre hay boletos. Ya sea que uno quiera ir en la mañana o en la tarde, el cine de arte es garantía de encontrar entradas para el horario que uno desee.
- Uno elige el asiento. Siempre hay buenos lugares porque el cine nunca se llena, así que aun llegando con el tiempo justo puede elegir las mejores butacas de la sala.
- No te patean el asiento. La gente que gusta del cine de arte tiende a ser más consciente y por ello respeta los derechos del prójimo, así que procura no patear el asiento delantero.
- No huele a comida. El olor a palomitas puede considerarse tradicional en un cine, no así el queso y los chiles jalapeños de los nachos, los ‘jochos’ calientes o los antojitos que ahora se estilan en las pelis más socorridas. Quienes van al cine de arte sólo van a ver la película, no a desayunar, comer o cenar mientras se encuentran en la sala.
¿Qué les parece, tentador…? Espero que sí, verán que les gustará!!
César y yo consultamos previamente las sinopsis de los filmes a exhibirse, anotando cuáles no nos podemos perder – por temática o por director – y cuáles de plano pintan para mugrero (como el cine francés, que tiende a ser tedioso e incomprensible, el cine de oriente – chino, japonés, taiwanés, etc… que no nos resulta atractivo, o esas pelis ‘corta-venas’, de una crudeza que no hay necesidad...).
Este año, después de varias Muestras de mediana calidad, la selección fue simplemente sensacional: abrió con ‘Los abrazos rotos’ de Pedro Almodóvar (me encanta el cine de Almodóvar, incluyendo su etapa estridente repleta de psicodelia, situaciones inverosímiles y transexuales, excepto ‘Qué he hecho yo para merecer esto’, que es una bazofia…) y se pudieron ver largometrajes como ‘Nueva York, te amo’ y ‘Un hombre serio’.
‘Nueva York, te amo’ forma parte del ciclo ‘ciudades de amor’, en las cuales una decena de directores exponen un corto de lo que para ellos es emblemático, importante o bizarro de la cotidianidad de esas urbes. En la cinta neoyorkina, es paradójico ver que, a pesar del tamaño de la ciudad, finalmente todo puede estar relacionado. La primera película de la serie fue ‘París, te amo’ y también es muy buena (lo que César y yo nos preguntamos es, ¿qué otras ciudades icono del romance mundial estarán considerando para el ciclo?).
Por su parte, ‘Un hombre serio’ es una clásica película de los hermanos Ethan y Joel Coen, esos maestros del cine que han sabido satirizar con lo mejor del humor negro los excesos religiosos (como esta peli, donde se mofan de las hipocresías al interior del judaísmo), la frivolidad (como los matrimonios por conveniencia de ‘El amor cuesta caro’), la violencia extrema (como se pudo ver en ‘Sin lugar para los débiles’, que les hizo acreedores al Premio Óscar a la mejor película en 2007) y las organizaciones delictivas de corte mafioso (no se pueden perder ‘El quinteto de la muerte’, buenisisísima!!).
Denle una oportunidad al cine de arte – que eso no significa abandonar o despreciar al cine comercial –, porque encima de que pueden encontrar muy buenos filmes, ofrece al espectador ventajas únicas. Ustedes dirán:
- Prácticamente siempre hay boletos. Ya sea que uno quiera ir en la mañana o en la tarde, el cine de arte es garantía de encontrar entradas para el horario que uno desee.
- Uno elige el asiento. Siempre hay buenos lugares porque el cine nunca se llena, así que aun llegando con el tiempo justo puede elegir las mejores butacas de la sala.
- No te patean el asiento. La gente que gusta del cine de arte tiende a ser más consciente y por ello respeta los derechos del prójimo, así que procura no patear el asiento delantero.
- No huele a comida. El olor a palomitas puede considerarse tradicional en un cine, no así el queso y los chiles jalapeños de los nachos, los ‘jochos’ calientes o los antojitos que ahora se estilan en las pelis más socorridas. Quienes van al cine de arte sólo van a ver la película, no a desayunar, comer o cenar mientras se encuentran en la sala.
¿Qué les parece, tentador…? Espero que sí, verán que les gustará!!
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