Es una lástima pero hay que reconocerlo: la gente no lee ni sabe leer. ¿Cuál es el origen de esto? Que no se tomó el buen hábito de la lectura desde la infancia.
La lectura nos pone en contexto y en vanguardia: despierta la imaginación, aporta conocimientos generales, desarrolla la capacidad de comprensión, enseña ortografía, permite estructurar las ideas y genera una buena redacción. En pocas palabras, es una verdadera maravilla que sólo requiere voluntad para ejercerla y tiempo para disfrutarla.
El problema es que en el esquema light que estamos viviendo, aunado al auge de las tecnologías y los medios electrónicos, lo que menos quiere la gente es molestarse o invertir sus ratos libres en leer. Así se están formando – o deformando – millones de individuos que por mayor grado académico o cargo profesional que tengan, ni entienden lo que leen a pesar de que sus ojos transiten por cada palabra de un texto, ni saben leer cuando deben dar un discurso, o carecen de los conocimientos más básicos o de actualidad simplemente porque no se acercan a las letras.
Y hablo de letras porque la lectura no se limita a los libros, sino que abarca periódicos, revistas y otros documentos escritos.
Fomenten la lectura en casa, tomándola como una diversión e incorporándola a la vida de la persona. No como una obligación, sino como parte del ser mismo. Propicien que los menores lean artículos o capítulos de libros en voz alta: de esa manera se logra desarrollar esa habilidad al tiempo que se comparten contenidos. Adicionalmente, en una acción tan sencilla como esa, crece la curiosidad por ahondar en ciertos temas y se pone sobre la mesa algún argumento de conversación, debate o análisis.
Los padres o abuelos que leen cuentos a sus pequeños de casa, seguro están formando a los lectores del mañana. No saben cuánto se van a divertir y el lazo tan especial que van a tender. Por eso, yo los invito a que lean, relean y nunca dejen de leer.
La lectura nos pone en contexto y en vanguardia: despierta la imaginación, aporta conocimientos generales, desarrolla la capacidad de comprensión, enseña ortografía, permite estructurar las ideas y genera una buena redacción. En pocas palabras, es una verdadera maravilla que sólo requiere voluntad para ejercerla y tiempo para disfrutarla.
El problema es que en el esquema light que estamos viviendo, aunado al auge de las tecnologías y los medios electrónicos, lo que menos quiere la gente es molestarse o invertir sus ratos libres en leer. Así se están formando – o deformando – millones de individuos que por mayor grado académico o cargo profesional que tengan, ni entienden lo que leen a pesar de que sus ojos transiten por cada palabra de un texto, ni saben leer cuando deben dar un discurso, o carecen de los conocimientos más básicos o de actualidad simplemente porque no se acercan a las letras.
Y hablo de letras porque la lectura no se limita a los libros, sino que abarca periódicos, revistas y otros documentos escritos.
Fomenten la lectura en casa, tomándola como una diversión e incorporándola a la vida de la persona. No como una obligación, sino como parte del ser mismo. Propicien que los menores lean artículos o capítulos de libros en voz alta: de esa manera se logra desarrollar esa habilidad al tiempo que se comparten contenidos. Adicionalmente, en una acción tan sencilla como esa, crece la curiosidad por ahondar en ciertos temas y se pone sobre la mesa algún argumento de conversación, debate o análisis.
Los padres o abuelos que leen cuentos a sus pequeños de casa, seguro están formando a los lectores del mañana. No saben cuánto se van a divertir y el lazo tan especial que van a tender. Por eso, yo los invito a que lean, relean y nunca dejen de leer.
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