viernes, 18 de enero de 2008

La España de Goya

Las entregas anuales de premios cinematográficos se acercan y con ellas un sinfín de películas que refrescan la cartelera. Entre ellas se encuentra Goya y la Inquisición, un excelente filme que se estrena este viernes en nuestro país y que tuvimos oportunidad de ver en función especial la noche de ayer.

La historia se desarrolla en la Europa absolutista del siglo XVIII, concretamente en la España de Carlos IV, en la cual el rey no era la única figura autocrática, sino también el Santo Oficio de la Iglesia, rodeado de injusticia y arrastrando prácticas inhumanas como la quema de personas, la horca y la tortura.

Mas no todo fue obscuro: paralelamente, artistas como Francisco de Goya dejaron aflorar su ingenio con una maestría única, muy a pesar de la doble moral de clérigos, políticos y aristócratas. Y es precisamente Goya ese eje que acompasa la película, una especie de narrador que testifica la forma en que se conectan las vidas del padre Lorenzo, veleta sin escrúpulos, e Inés, una joven acomodada de su época, cuya vida quedó trastocada a partir de que conoce al sacerdote.

Como bien dijo César al término del evento, la película no tiene un pero: la trama, las caracterizaciones, la ambientación, las actuaciones, todo está muy bien pensado, todo encaja y eso lo lleva a uno a introducirse hasta las venas de la historia.

Cabe destacar un aspecto particular de los actores, principalmente del español Javier Bardem y la estadounidense Natalie Portman. Del primero, da gusto que esté teniendo una proyección internacional tan amplia al tiempo que reconocen su trayectoria en un medio frívolo y superfluo, donde si no eres el prototipo de galán es difícil sobresalir. Bardem no es precisamente bien parecido pero tiene lo que en realidad trasciende: talento, y es por eso que destaca.

El caso de Portman es similar pero en sentido inverso: a pesar de su juventud y de que físicamente es bonita sin necesidad de bisturí, ella es reconocida por la calidad de su trabajo y ha sabido seleccionar las películas en que participa.

Recomiendo ampliamente Goya y la Inquisición, señalando finalmente que no es una película de grandes públicos ni de millonaria promoción, pero sí de una calidad que no se ve tan a menudo.

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